Gobiernos de América Latina: patenten las semillas nativas
Escrito por Marcela Vera

Hay
bastante preocupación en el mundo últimamente por el avance de las
transnacionales que pretenden implantar el uso de semillas transgénicas y
de alimentos manipulados con hormonas. Me parece que la mayoría de la
población civil ya está enterada de las consecuencias, tanto en lo que
se refiere a la salud, el ámbito social, cultural y económico. Aprovecho
de felicitar al gobierno de Ecuador, por ser un país libre de
transgénicos, y por que ha sabido conservar el patrimonio cultural que
conlleva el cultivo del maíz.
La palabra “maíz” es de origen taíno. Hace alrededor de 10.000 años, los pueblos de América ya conocían esta
planta, cuyo origen se encuentra en México, donde existen actualmente
por lo menos 60 variedades distintas. El maíz aún es parte de la
identidad cultural de muchos pueblos americanos, para quienes, a través
de la Historia, ha sido un elemento sagrado
(con todo lo que el concepto conlleva). Los pueblos prehispánicos
aprendieron a domesticar y manejar las variedades de esta planta durante
miles de años, como también los procesos para su preparación. Sabemos
que antiguamente el maíz era parte fundamental de su cosmovisión y
estilo de vida, la cultura del maíz ha sido arraigada durante miles de
años. Existió también toda una cosmovisión alrededor de otros productos
de la Madre Tierra, como por ejemplo del cacao, que incluso fue
utilizado como moneda de cambio.
Los
colonizadores llegados a América no se llevaron solamente oro. También
se llevaron semillas. Se llevaron maíz, papas, café, cacao, tomates,
tabaco, maní, vainilla, aguacates, girasoles (etc.), monopolizando
su comercialización. Aquello fue también un robo, un robo que hoy nos
juega una pésima jugada. Hoy las transnacionales extranjeras se creen
dueñas de los productos de la tierra americana. Se creen dueños del
patrimonio cultural, social y económico de América. Hoy, las
transnacionales extranjeras junto a las oligarquías respectivas de cada
país, pretenden hacer lo mismo que los colonizadores comenzaron hace
quinientos años atrás: reemplazar la forma milenaria de cultivo de los
pueblos americanos y remplazar los cultivos existentes con productos
ajenos al suelo y la geografía natural, a la economía, cultura y
cosmovisión de los pueblos de América. Si en ese entonces el resultado
fue desastroso, hoy en día no es de esperar un resultado diferente y aún
peór, tomando en cuenta los efectos nefastos para la salud humana y el
impacto que estos transgénicos producen en el ecosistema.
Por
tanto, me parece que los gobiernos de América Latina, al menos aquellos
que se dicen ser conscientes de los derechos de las personas, debieran
patentar las semillas americanas, originarias de nuestro continente y
parte de nuestra cultura, economía y cosmovisión. Nadie es dueño de la
Madre Tierra. Sin embargo, si se insiste en que debe tener dueños,
entonces las semillas originarias de América pertenecen al suelo
americano y a los pueblos de América, quienes las conservaron durante
miles de años, domesticaron sus plantas y manejaron sus cultivos.
En
el Convenio Internacional 169 de la OIT, se reconoce la forma de vida y
desarrollo de los pueblos originarios, el derecho a su identidad, a sus
modalidades de vida, a controlar su propio desarrollo económico, social
y cultural. La monopolización de las semillas y el uso de semillas
transgénicas actúa en contra de este acuerdo. También va en contra de
los Derechos de la Pachamama, de la legislación boliviana. Esta
legislación ejemplar debiera ser generalizada efectivamenet en todo
nuestro continente, dando ejemplo de conciencia al mundo y enajenando a
quienes nuevamente pretenden envenenar nuestro suelo, como si ya no
fuese suficiente con los daños que han causado. Más de quinientos años
llevamos al servicio de los usurpadores, dejándonos manipular,
adquiriendo su mentalidad y olvidando la riqueza material, cultural y
espiritual que debimos haber heredado y conservado de nuestros
antepasados americanos. Pero aún es tiempo, aún no se borra del todo la
sabiduría ancestral de nuestra tierra. Conservemos una relación
armoniosa con la Pachamama , conservemos la enorme diversidad de nuestra
flora y fauna, las plantas medicinales, las plantas sagradas, nuestro
sustento físico y espiritual.
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