Sapo cancionero
Sí, creo que estamos de acuerdo, ¿a quién le importa lo que diga Felipe González?
Incluso aunque por casualidad dijera algo puesto en razón, pensaríamos
que lleva pan en la gorra y que abre la boca para llenar el bolsillo de
alguna empresa o, como solía decir él mismo, en defensa de algún espurio
interés. A mí lo que me sigue fascinando es su estilo.
Al borde de la charca en la que chapotean recuerdos fangosos de la
OTAN, el GAL y sus negocios privados, Felipe permanece acuclillado como
un tótem solemne e impasible, escrutando el panorama con ojos
protuberantes de formidable estadista, porque a él le cabe en la cabeza
un Estado del mismo tamaño que el que ocupaba el diminuto encéfalo de
Fraga. Atención, ¿qué es esto?, algo irrumpe en su campo visual, un
catalanismo volador, pongamos por caso, con el que mitigar el apetito de
su vanidad indoblegable. La húmeda piel se estremece, la papada se
inflama y rompe a croar con su inconfundible estilo oracular o de pedo
en botijo, para que retumbe. Tras el estruendo, todos nos preguntamos
qué habrá revelado la sibila.

Pues, como de
costumbre, nada entre dos platos. Que la independencia de Cataluña
“como objetivo” es imposible. ¿Eso qué significa? ¿Por qué rayos dice
“como objetivo”? ¿Porque la independencia de Cataluña es perfectamente
posible como hecho, pero es imposible que alguien la tenga “como
objetivo”? ¿Y por qué narices no se puede tener como objetivo algo que
es de hecho posible? Pues porque lo dice él, el Number One, el
presidente bonsái. Ni el propio Hegel, aunque resucitara sólo para eso,
entendería a semejante charlatán, que, como buen trilero sevillano,
traslada sin ser visto el sentido a otro cubilete. Otan de entrada no,
¿se acuerdan? Tengo entendido que chuparse un codo es posible, aunque
no esté al alcance de casi nadie. Ahora bien, si es posible, se puede
tener como objetivo, por mucho que a mí me parezca un objetivo idiota,
salvo en contorsionistas o faquires. ¿Quiere decir que la independencia
de Cataluña a él le parece un objetivo tan majadero como querer chuparse
un codo? Pues que lo diga, pero en castellano, por favor. “Me parece
que estoy hablando en castellano”, nos amenazaban los padres de antes,
cuando nuestra conducta les obligaba a repetir las cosas. A mí este
individuo siempre me hace pensar: me parece que usted no está hablando
en castellano.
¿Ha croado algo más Felipe González?
Sí, pero es aún más chiripitifláutico. El Dr. González ha diagnosticado
que la independencia de Cataluña “puede provocar una fractura política y
social”. O sea que posible sí que es entonces, ¿no, Felipe? Una
fractura… ¡Cielos, eso sí que no lo esperábamos! Menos mal que el Dr.
González se ha dado cuenta de que estas cosas, quieras que no, por lo
general provocan una fractura. Pues claro, amigo, si se trata de eso.
Suena como si dijera, con tono de revelarnos algo que se nos había
pasado por alto: ojo, que el divorcio puede provocar una fractura en la
pareja. Nos ha merengao, Felipe, nos ha merengao.
Tras el diagnóstico, el parte médico del Dr. González incluye un
pronóstico: soldar esa fractura costaría treinta o cuarenta años. ¿Cómo
ha calculado con tanta exactitud el tiempo que hay que mantener
escayolado al paciente? La fractura que produjo la independencia de las
colonias americanas aún no se ha soldado, y van siglos. Esta fractura en
cambio, el Dr. González la soldaría con su célebre "botiquín de
emergencias de Estado" en treinta o cuarenta años máximo. ¿Y por qué
habría que soldarla? ¿Alguien piensa que hay que soldar la fractura que
produjo la independencia americana? ¿Quiere decir González en realidad
que, si Cataluña se independiza, costaría treinta o cuarenta años
reconquistarla? Bonito será de ver el mando anfibio del ejército, con
Aznar y Felipe mano a mano bajo la advocación de don Pelayo: eso no me
lo pierdo.
Tras croar, satisfecho, se calla el
oráculo y el silencio vuelve a la charca, en la que destella su vientre
frío y viscoso a la luz de la luna. Todos nos hemos reído mucho y
esperamos que vuelva pronto con más diversión. Es impagable, mejor que
Tip y Coll. El problema es que, como gracioso, es gracioso; pero no deja
de ser lamentable que haya que escuchar tantas bobadas.
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