
Mikel
Balenziaga nació un 29 de febrero. Año 1988. Se formó en las juveniles
de Real Sociedad. Pasó a la filial del Athletic en 2008 y ese mismo año
jugó 24 partidos en el primer equipo. Parecía consolidarse pero lo
prestaron a Numancia y a Valladolid. La llegada de Ernesto Valverde como
entrenador en 2013 le devolvió su lugar. Ha jugado 228 partidos, sin
goles. Anoche su carrera futbolística cambió para siempre. Valverde le
pidió que le hiciera marca personal a un futbolista. Que lo siguiera
hasta el baño. Que se olvidara del partido. Athletic jugaría contra
Barcelona. Él lo haría contra otro hombre. Diez vascos cubrían espacios.
El undécimo jugaba mano a mano en toda la cancha. Cuando su presa
tiraba diagonales, él, mastín obediente hasta el final, lo perseguía y
se desentendía de la pelota. Otro rojiblanco ocuparía el lateral
izquierdo. Lo raspó, lo agarró, lo anticipó y le habló. Hizo enojar a la
fiera, quien miró al asistente un par de veces y le pidió que cobrara
las faltas. A los 19 minutos y 35 segundos, rompió todo. Agarró la
pelota pegado a la raya. Los mediocampistas Beñat y Rico se fueron
acercando para reforzar el pressing sobre el costado. Superó en
velocidad a su estampilla. Beñat lo esperaba. Frenó, cambió de apoyo y
también se lo sacó de encima. El rápido cazador ya le miraba la cara de
nuevo. Tocó la pelota por un lado y la fue a buscar por el otro.
Cortito, con pleno control del balón. Beñat y Balenziaga ya le miraban
el número. Mikel Rico aún podía taparle el paso. Cortó camino hacia el
área y el pelado terminó pateando el aire. El zaguero francés Laporte se
convirtió en la última esperanza vasca. Le mostró la pelota como si
fuera un caramelo y, cuando lo tuvo cerquita, se la corrió y lo hizo
girar como trompo. El central quedó mirando a su arco, a nada de ser el
nuevo Boateng. Calibró el zurdazo. La puso entre el arquero Herrería y
el primer palo. Pasaron ocho segundos entre la primera gambeta y el
remate. El genio y el animal competitivo que conviven en la bestia
festejaron en silencio. Sus compañeros se le tiraron encima. Pasarán los
años. El golazo nos hará reír siempre. Un día Balenziaga se cansará de
recordarlo: "era Messi, qué querés! Déjame de joder!".
No hay comentarios.:
Publicar un comentario