Un país enfermo y miserable
Cuando se ayuda con 40€ al mes a una familia con dos hijos
dependientes, los detalles del debate se vuelven irrelevantes y es muy
fácil llegar a una conclusión dura pero cierta.

Unos viven en la calle y otros usan perfumes de 100€ -- by the yes man@Flickr
Esta semana iba a publicar un post más ligero, con un poco de ternura y un poco de humor, pero mi amigo Iván me ha señalado una noticia que publicó este viernes El País y se me han quitado las ganas.
Resulta que una familia de Valencia tiene dos hijos con discapacidad mental. De modo que, a diferencia de Ana Mato,
y como suele ser habitual, la madre, Carmen, se dedica a tiempo
completo a cuidarlos. Hasta hace poco, el estado daba a Carmen, a través
de la Ley de Dependencia, unos 400€ por hijo y por mes.
Como Carmen tiene dos hijos, al menos tenía la suerte de cobrar así
800€; una cantidad que puede concebirse como un sueldo más o menos
digno, más o menos útil, aunque ciertamente escaso. Las cármenes que
tienen "sólo" un hijo dependiente, en cambio, cobraban en Valencia hasta
hace poco unos 400€ por mes. Sin entrar en detalles, digamos que esto
te llega para comprar un tornillo del apoyapié de una silla de ruedas
barata, un minuto de fisioterapia al mes, un miligramo de medicinas, y
aún te puedes permitir el lujo de tomarte un café con los 2€ que te
sobran.
Vamos, lo que, en román palatino y cuando tenemos muchos menos motivos para estar enfadados, solemos denominar "una puta vergüenza".
Pero es que además, hay que intentar que no se nos olvide que los
humanos van cumpliendo años y los niños crecen. Los dos hijos de Carmen,
con 16 y 14 años, están a punto de convertirse en adultos y uno podría
jugar con la loca idea de que quizás se instale un día en ellos el deseo
de llevar una vida independiente y plena, lejos tal vez de la casa
familiar. En este caso, aunque conservasen el amor de madre de Carmen,
ya no dispondrían de sus cuidados, y necesitarían seguramente pagar
muchas horas al día de asistencia personal. Explotando a un inmigrante
sin papeles, cosa que se hace muy habitualmente en el contexto de los
cuidados personales, una hora de asistencia puede costar 5€, o quizás
menos. Yendo por la vía legal, el doble o más. Muchos dependientes
necesitan estar atendidos casi todo el día, y algunos también por la
noche.
La multiplicación se la dejo al lector y me
limito a mencionar que la subvención por la Ley de Dependencia apenas se
vería modificada si la situación vital de los hijos de Carmen cambiase
como he descrito.
Claro que, en un
mundo en el que ciertos humanos han secuestrado la potestad de decidir
sobre el destino de otros, puede sonar como una utopía insensata y
adolescente el sugerir siquiera que un discapacitado pueda querer vivir
solo. Una ficción descabellada a la que hay que contraponer la sensata
realidad de la vida. A saber, que lo cuide su madre toda la vida,
cobrando una miseria y, cuando su madre no lo pueda cuidar, lo metemos
en una cárcel... perdón, en una residencia. Para que juegue al dominó
hasta que muera.
Por si esto no diese ya suficientes ganas de quemar el Congreso, en la noticia de El País, Carmen nos cuenta que la Comunidad Valenciana ha bajado la ayuda que le daba a 20€ por hijo y mes.
No, no me he dejado un cero.
20€ por hijo y mes.
En la comunidad de los aeropuertos vacíos, las regatas internacionales,
los grandes premios de F1 y los trajes a precio de cohecho. Sí. Ahí
mismo.
Veamos.
Hay discusiones
complejas. Y hay otras sencillas. Hay debates en los que son importantes
los matices, los detalles. Y tenemos otros en los que importa poco el
hilado fino. Encontramos a menudo consideraciones políticas, sociales y
económicas mal definidas, turbias, filosóficamente sutiles. Sin embargo,
hay algunas que son cristalinas, nítidas y muy muy fáciles de
comprender.
Como ésta.
Un país que
le hace esto a Carmen y a sus hijos, y a miles de familias en
situaciones similares, es un país enfermo y miserable. Así de simple.
No sé cómo se ha llegado a esto, y me da mucha pena por las muchísimas
otras virtudes que tiene España y sus gentes, pero es un hecho
irrefutable. (Si no me creen, vean como gente que es de verdad
inteligente piensa lo mismo.)
Desde este blog siempre defenderemos que son preferibles las soluciones
colectivas a las salidas individuales. Sin embargo, no parece en este
caso que vayamos a solucionar el problema de la discapacidad pronto en
España. Por ello, y porque no se puede obligar a alguien que espere
oprimido un posible cambio futuro, lo mejor que Carmen y su familia
pueden hacer en este momento es venderlo todo y emigrar.
A un sitio que trate a los humanos como humanos.
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