El Atlético nos gana a todos
A pesar de las lesiones, vence y casi humilla al Barcelona en la lucha por el título. Godín contrarrestó el gol de Alexis. Empate en el Camp Nou que devuelve a los rojiblancos la Liga 18 años después.Messi no recuperó la autoestima futbolística y el club azulgrana remata un calvario de temporada

Los jugadores del Atlético mantean a Simeone al termino del partido.REUTERS
Parecía, en definitiva, una tarde de luto para el Atlético, que se enfrentó, incluso, a noticias más graves. Apenas tiró a la portería de Pinto en la primera parte y lo peor no fue eso, sino que se dudaba de que tuviese a la gente capaz para hacerlo. Así que frente a ese parte de guerra sólo faltaba que apareciese el romanticismo, que a veces existe en el fútbol. Y todo eso sucedió al inició de la segunda parte cuando Godín volvió a acordarse de la literatura de Goethe: "Es peligroso aquel que no tiene nada que perder".
El Atlético se convirtió en una fortaleza frente a un Barcelona que no supo operar en la necesidadGodín, efectivamente, representó ese papel.
Lo hizo en el área de Pinto, en un sitio donde se impone la anarquía.
Fue tras una jugada a balón parado, de esas en las que Godín nunca
renuncia a nada, una diferencia crucial con los defensas actuales del
Barça. Así, el central empató un partido que cambió totalmente. El
Atlético encontró la paz en el marcador y algo más que eso. Venció a la
preocupación. Recuperó lo que era suyo, la buena música y la sensación
de poder en el césped. Todo eso convirtió al Atlético en una fortaleza
frente a un Barcelona, que no supo operar en la necesidad. Fue incapaz de jugar en sociedad como hizo en otro tiempo, de probar realmente a Courtois.
Desánimo y desunión en el Barcelona
No hubo equipo, porque no hubo futbolistas, una incapacidad total en la que Messi no recuperó la autoestima, cada vez más alejado de esa época en la que se iba de tres y cuatro defensas seguidos. Pero eso ya no sucederá en esta primavera. Una radiografía más del Barcelona de hoy, un equipo que, a pesar de quedarse a un gol de ganar la Liga, pasará por el quirófano. Al fondo queda una época que hoy murió de mala manera, sin nada interesante que ofrecer. Ni siquiera cuando Xavi volvió al césped para organizar a la clase. Fue imposible, porque sus compañeros ya jugaban con los brazos caídos, algunos hasta malhumorados frente a la fortaleza del Atlético que era la de Godín, feliz, honrado e insuperable. Una prueba más de lo que es Simeone, su entrenador, un estado de ánimo, una final en sí mismo, un hombre que ha adquirido demasiada sabiduría este año.
En la tarde fundamental, el Atlético estuvo por encima de los futbolistasLos
minutos volaron sin preocupaciones para el Atlético. La grada echó de
menos la incertidumbre para alterar el argumento. Pero, como pasa con el
Fausto del que escribe Goethe, en el césped sólo había un equipo con
ansia de saber, con deseo de grandeza, de plenitud, de totalidad. El
otro, el Barcelona, no era nada más que una familia desunida.
Un equipo de mármol, refugiado en las lágrimas de Busquets, retirado
del césped en contra de su voluntad. No había nada que hacer para el
Barcelona: ya no hacia falta ni tan siquiera ese golpe de romanticismo
que en la primera parte pareció tan necesario para el Atlético.
Salió Neymar al césped, pero dio igual
que hubiese salido cualquier estudiante de Magisterio. La trascedencia,
absolutamente nula, fue la misma. Ahí no había nada que hacer frente a
esa legión de hombres inteligentes en la que se convirtió el Atlético.
Un equipo con garantía, que supo vencer al misterio, comprender el
éxito, disfrutarlo, pelearlo, vivirlo en la ronquera de Simeone, en las
lágrimas de Arda o en las de Diego Costa. Por eso, en la tarde
fundamental, el Atlético estuvo por encima de los futbolistas. Una obra
famosa que, en el fondo, no podía acabar en tragedia. Quizá porque
Simeone, como también reza la literatura de Goethe, enseñó a sus
futbolistas a gobernarse por sí mismos, a algo más importante que ganar o
perder.
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