La Ley de Medios es camporista
El 11 de marzo de 1973 sacó el 49,60% de los votos y terminó con 18 años de proscripción.

La fórmula del Frejuli, encabezada por Cámpora y Solano Lima, sacó
el 49,60% de los votos emitidos. Su inmediata competidora, la de Ricardo
Balbín (UCR), orilló el 21,29%; y la de la Alianza Popular
Revolucionaria, de Oscar Alende, el 14,90 por ciento. En total, en
aquella jornada, sufragaron más de 12 millones de argentinos. Pese a la
masividad, esas elecciones no fueron democráticas: Perón no pudo
participar, continuaba proscripto por el lanussismo.
Hasta acá, los números fríos de una fecha clave. Pero resumir la
importancia del acontecimiento a la contundencia de las cifras sería
olvidar que lo que allí se jugaba no era una elección a la dinamarquesa.
El 11 de marzo de 1973 es todo un símbolo en la política nacional.
Después de los fusilamientos del General Valle y de la Masacre de José
León Suárez, del Decreto 4161, de la represión y la cárcel a sus
militantes, de los intentos de cooptación de sus dirigentes, de la
experiencia del vandorismo sindical, del exilio forzoso de su líder en
España, del Gran Acuerdo Nacional que proponía Lanusse, el peronismo
volvió a probar que era mayoría, que su vitalidad política estaba
intacta y que todas y cada una de las maniobras cívico-militares urdidas
para arrojarlo al tacho de basura de la historia a lo largo de casi dos
décadas habían fracasado.
Como si la profecía del Padre Mugica se cumpliera de modo
inexorable, reventando las urnas con una verdad incontrastable. Decía
Mugica: "Yo fui antiperonista hasta los 26 años, un gorila como se dice,
y mi proceso de acercamiento al peronismo coincidió con mi preocupación
por el justo, como sentía Jesucristo, por el que no tiene nada. Fue
cuando me di cuenta de que en la Argentina los pobres son peronistas. Y
que eso no es una casualidad ni tampoco un dato más. Ellos creen en
Dios, pero ellos también creen que políticamente hubo un tiempo mejor, y
que vendrá un tiempo mejor. Y a ese recuerdo y a esa esperanza la
llaman: peronismo."
Toda la partidocracia liberal y antidemocrática, todo el poderío
económico dominante –que nunca pudo crear un sistema institucional
sustentable, ni siquiera con el Partido Militar en el poder– toda la
cultura reaccionaria de los sectores del privilegio, volvieron a caer
derrotadas en manos de ese recuerdo y de esa esperanza, el 11 de marzo
de 1973. Aquel día, podría decirse, las minorías volvieron a serlo, y
las mayorías a gobernar el país.
"Cámpora al gobierno, Perón al poder", era la consigna. Cámpora
como figura de tránsito obligado, circunstancial, un paso embriagado de
felicidad hacia la vuelta definitiva del Líder. Había una promesa de
revolución en el aire, en las palabras, en los textos y en las calles.
Atrás quedaban los Aramburu, los Rojas, los Onganía, los Levingston, los
Lanusse, y los arrebatos pseudo-democráticos de Frondizi e Illía. La
proscripción violenta del peronismo es un elemento dramático que
atravesó la segunda mitad del siglo XX y que la historiografía política
aún elude o resiste cuando analiza la fenomenología de época. Pero
aquellas jornadas estuvieron teñidas de un afán liberador y reparatorio
desbordante. A la foto del poder, volvía el peronismo y con él, las
mayorías populares silenciadas, perseguidas y tan proscriptas como su
conductor. Los dueños de la democracia sin votos debieron ceder a los
votos de la democracia, la de verdad. Para los poderes fácticos, fue una
pesadilla. Para el resto, el comienzo de una primavera que, bajo su
verdor, es cierto, incubaba una tragedia. Pero eso sería más adelante.
Cuando Cámpora asumió, dos meses después de la victoria popular,
inauguró una revolución que duró 49 días intensos. Liberó a los presos
políticos, derogó las leyes represivas, el fuero "antisubversivo", el
Departamento de Informaciones Antidemocráticas y quemó sus archivos,
llamó al Pacto Social, democratizó las universidades, devolvió el grado y
el uniforme a Perón, se reanudaron las relaciones diplomáticas con Cuba
–que estaba expulsada de la OEA– y con Vietnam, aumentó salarios,
congeló el precio de los alimentos, diseñó una paritaria bianual donde
los trabajadores tendrían una participación del 48% de la renta
nacional, anunció un plan de viviendas, reguló el mercado de carnes para
asegurar el abastecimiento interno, anuló beneficios de promoción
industrial a empresas transnacionales, intervino YCF, YPF, OSN, Gas,
Correos y Teléfonos, Ferrocarriles y Subterráneos, Elma y Administración
General de Puertos, aumentó los impuestos al patrimonio neto, eximió de
tributos a los fabricantes de calzado y textiles, y suspendió los
juicios de desalojo en los arrendamientos rurales, entre otras cientos
de medidas que venían a rejerarquizar las prioridades soberanas de la
Nación ante una realidad compleja, heredada de la torpe y única
estrategia política y comercial de las elites del país en 18 años: el
antiperonismo. Las decisiones del delegado de Perón sentaron los
cimientos de otras resoluciones futuras que adoptaría el gobierno
democrático: la ley de renacionalización de los depósitos bancarios, del
Banco Argentino de Comercio (Chase Manhattan, NY), del Banco Argentino
del Atlántico SA, del Banco Francés del Río de La Plata (Morgan, NY),
del Mar del Plata (City, NY) y las sucursales de Córdoba y de Rosario
del Banco Santander SA, la prohibición de los embarques de trigo, harina
y trigo para semilla para garantizar el consumo interno, la decisión de
comerciar con Cuba rompiendo el bloqueo y la apuesta al Movimiento de
Países No Alineados con sede en Argel.
Fueron dos tiempos de un mismo proceso político. El sociólogo
Horacio González recordó las palabras de Cámpora en su discurso de
asunción: "Esto no lo busqué, es una transición, y actúo en nombre de
aquel que le da el nombre a todo este proceso." Y añadió González: "No
pudo ser exactamente así, porque detrás de él congregó a los que
llevaban el nombre de Perón y también el de Cámpora, lo que fue una
fisura (…) Fue una persona conservadora, sostenido por los gobernadores
provinciales más atrevidos del momento." Es decir, de los que se
apoyaban en los grupos juveniles del peronismo, influenciados por la
revolución cubana y argelina, y se referenciaban en lo que se conoció
como La Tendencia, el ala izquierda del movimiento.
El filósofo José Pablo Feinmann le atribuyó a Cámpora una gran
ductilidad para "saber que había un bagaje territorial de militancia que
lo sostenía a él y a Perón". A los dos, más allá de todo.
¿Se habrá pensado Cámpora, alguna vez, por fuera del dispositivo
que conducía Perón? No hay evidencia de eso. Su lealtad está fuera de
discusión para los historiadores más serios. Pero es cierto que hay un
Cámpora posible, deseable, por fuera del Cámpora que verdaderamente fue,
aunque eso, claro, hable más del intérprete que del personaje. Para la
izquierda peronista, la armada y la que no, y esto excede al
montonerismo, por supuesto, Cámpora expresaba una modernización
ideológica donde gravitaban muchos de los criterios cookistas, que el
propio Perón había rebatido, a veces con elegancia, otras con picarezca,
en su correspondencia. De allí el apodo de "Tío". Mientras este sector
no rompió con Perón y viceversa, la paternidad del movimiento no estaba
puesta en duda, pero sí su orientación. La apelación al "socialismo
nacional" en su primer discurso presidencial fue un guiño a todos esos
grupos fundamentalmente juveniles, que se habían incorporado al
peronismo bajo la premisa del Perón que elogiaba al Che, a la Revolución
Cubana, reivindicaba a las formaciones especiales y llamaba al
Trasvasamiento Generacional.

Se cumplen 40 años del 11 de marzo del '73. La pregunta, entonces,
surge casi sola. ¿Cuánto de camporismo hay en el discurso del
kirchnerismo? Casi todo. Néstor Kirchner y Cristina Fernández aparecen
como tributarios de aquella épica setentista. La de un peronismo capaz
de incorporar a su relato tradicional las palabras, las consignas y
símbolos de un cambio de época, motorizado por las nuevas generaciones
que se incorporaban a la política. Son hijos de aquel pasado turbulento y
padres de este presente promisorio. Las continuidades son cristalinas.
Rastrear el discurso de asunción de Cámpora y cotejarlo con los
discursos de Néstor y Cristina produce la sensación de un único relato
en extenso, enraizado en los valores nacionales y populares. Así como
Cámpora expresó las esperanzas de un peronismo democrático de cara al
fin de siglo, que pusiera a las corporaciones a raya de modo definitivo
–efecto luego clausurado por el Perón retornado como león hervíboro que
preconizaba la unidad nacional a meses de su muerte, reservándose para
sí el manejo de los tiempos, las estrategias y los hombres necesarios,
sin que esto implique una lectura saldada sobre esa encrucijada–, el
kirchnerismo parece abrevar en la etapa atrevida y no conservadora de
aquel recuerdo y aquella esperanza de la que hablaba Mugica. No al
desvío militarista del ala izquierda más radicalizada, que apostó a un
peronismo sin Perón, sino a los grupos que apostaban a una revolución en
paz, sin sangre y sin miedos, a los que Perón dejó huérfanos cuando
murió, y López Rega tomó el comando de todo, con las consecuencias
nefastas conocidas.
El kirchnerismo es camporista porque enarbola el cambio de época,
sin abandonar la doctrina peronista clásica. Podrá decirse que el
peronismo del Siglo XXI será kirchnerista o no será nada, como plantea
Edgardo Depetris. O releer los viejos discursos camporistas, plagados de
palabras nuevas, para darse cuenta. El abogado e integrante de COMUNA
(Comunicadores de la Argentina), Sebastián Taiariol, tuvo un hallazgo
interesante releyendo el discurso de asunción a la presidencia de Héctor
Cámpora. Se cita textual lo que Cámpora dijo aquel día: "Como ya hemos
dicho, la libertad de expresión es inseparable de la democracia. El
gobierno popular asegurará la vigencia y el ejercicio de ese derecho
inalienable. Quiero afirmar con ello que el gobierno Justicialista de
Liberación no sólo garantizará la libertad de opinión, sino que velará
porque a la misma accedan todos los grupos sociales que hasta ahora se
han visto marginados de ella. El ideal que nos proponemos consiste en
abrir cauces de expresión tan variados que canalicen toda la riqueza de
opiniones que posee el pueblo argentino. En tanto se respeten las leyes,
nadie verá limitado su derecho a opinar. La derogación de la
legislación represiva e ideológica así lo determinará. Un pueblo maduro y
lúcido como el argentino con conciencia social y política, probado en
una larga y heroica lucha por imponer su destino, ha de ser respetado en
su derecho a definir por sí mismo sus preferencias y, para ello, a
informarse sin trabas ni censuras. Mi gobierno cumplirá con su deber
facilitando todos los canales de comunicación y de debate. Así como en
el plano de la producción económica daremos mayor participación a todos
los trabajadores, lo mismo haremos en el área de la prensa y difusión.
Lo contrario significaría aceptar que la libertad de expresión pueda
servir con exclusividad a los grupos económicamente poderosos,
convirtiendo en un privilegio lo que es un derecho".
Podría titularse: "La Ley de Medios fue idea de Cámpora" (y todavía
está en veremos). O mejor aún: "El kirchnerismo es camporista".
Que es lo mismo que decir, de un peronismo leal, que sin abandonar
las tres banderas históricas (soberanía política, independencia
económica y justicia social), dialoga con los sectores del cambio, para
levantarlas y llevarlas a la victoria.
Pero esta vez, sin que Isabel o López Rega metan la cola.
YPF, el mejor rendimiento en un mercado complejo
Aunque parezca una letanía, el manejo de la agenda pública que
proponen los medios hegemónicos sigue siendo un problema que vulnera el
derecho a la comunicación de la sociedad; y señalarlo es, en parte, una
manera de remediar esta violación constante de un contrato básico del
periodismo. En página 22, Clarín ayer publicó un suelto bajo el título
"Energía: Sexto mes de caída en la producción de YPF". El texto
completo, debajo, dice lo siguiente: "Como viene sucediendo desde agosto
del año pasado, en enero de 2013 también volvió a bajar la producción
de gas y petróleo en YPF. En comparación con enero de 2012, la
producción petrolera de YPF bajó casi un 2 por ciento, mientras que toda
la industria redujo un 5 por ciento su producción. En lo que hace al
gas, YPF retrocedió un 1,2 por ciento, mientras que el total de las
empresas (del rubro) cayó un 7 por ciento." El ejercicio aquí consiste
en contextualizar dos cosas. Por un lado, que si la caída del rubro
petróleo es del 5% y la de YPF sólo del 2%, eso quiere decir que la
petrolera nacional estuvo un 3% por encima del promedio general. Y, en
el segundo caso, que si en el rubro gas el retroceso es del 7% y el de
YPF fue del 1,2%, la empresa que preside Miguel Galuccio estuvo un 5,8 %
por arriba del promedio de caída. Vuelvan a releerlo. Pedirle al diario
de Héctor Magnetto que jerarquice de modo correcto que ante un bajón
general de la producción la petrolera nacional obtuvo mejores
rendimientos que sus competidores, sería suficiente. Es evidente que, en
sintonía con los intereses de la española Repsol, para la cual
trabajaban como consultores Julio Blanck y la mujer de su editor
general, Ricardo Kirchsbaum –como reveló en exclusiva Tiempo Argentino–,
existe el propósito de boicotear desde sus páginas el proceso de
renacionalización de YPF. Y en esa aventura, de periodismo, aunque sea
opositor, hay poco y nada.
¿la oea se deja coimear por el kirchnerismo?

Hace 40 años,tal dia como hoy,vivia mi compañera Haydee y estabamos juntos,ella con 6 meses de embarazo,de quien luego sería nuestra primera hija,Tamara y yo flaquito,con 65 kilos. Era Martín Gerónimo Gomez ,clandestino.
Tenía en el bolsillo la lista de los caidos de las diferentes guerrillas,FAR,FAP,Montoneros,ERP,FAL.
Cuando supimos que habiamos ganado,sin decirle nada a nadie salí al balcón de la calle Oro y Santa Fé,desde la calle,todas las teles,diarios y radios enfocan al balcón ,piensan que va a salir "el tío "para hablar o hacer un anuncio.
Y salí yo,es decir,Martín,el "cinco" para la orga o Mario Marrero para el G2 cubano.
La Tana,mi flaca,mi compañera,también clandestina,con el nombre de Marta Lanata,a mi lado.
Todos los focos nos alumbraban,a mi lado estaban Ernesto Jauretche ,Yaya Azcona,Cogote Bonasso y mi hermana Susana.
Acostumbrado a hablar en público en las asambleas de la facultad,empecé a hablar y aún hoy dan vuelta aquellas palabras en mi cabeza:
""Compañeros,estamos muchos acá,pero no estamos todos,faltan nuestros muertos,en este papelito anote los que recuerdo,pero si me olvido algunos,uds.seguro que los recordaran.
Hasta la victoria siempre,como decía el Ché...""
Y empecé a nombrarlos,después de cada nombre hacía una pausa de silencio y en la calle,en la avenida,en el puente de Pacífico,hasta el regimineto de Patricios,más de 50.000 gargantas gritaban:
P R E S E N T E.
Hoy los vuelvo a recordar y a mi Tana y a su prima hermana Ana,las dos mujeres más importantes de mi vida.
Seguire cumpliendo con Uds.con los compañeros caidos y con el Comandante que guió mi vida.
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