El Jefe
Biografía política del cardenal Bergoglio publicada hace 5 años
Martín Hermida
En El Aromo n° 40, Enero/Febrero de 2008
El
cardenal Jorge Mario Bergoglio tuvo una trayectoria política
intrincada. Acusado de coquetear con el justicialismo en 1972, de la
mano de Antonio Quarracino, su predecesor en la arquidiócesis porteña,
se lo ligó a la última dictadura, cuando —con 37 años— era el superior
de los jesuitas rioplatenses [1]. Una versión lo culpa por no haber
defendido a dos sacerdotes de su comunidad que trabajaban en villas
miseria, detenidos por miembros de la ESMA (aunque meses después fueron
liberados) [2]. En 1998, se convirtió en el arzobispo de Buenos Aires,
cargo que ocupa actualmente. En 2001, el papa Juan Pablo II lo elevó a
cardenal y lo consagró como prelado superior de la Iglesia Católica
argentina. Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), se
dice que obtuvo 40 votos de los 77 necesarios para ser elegido papa en
2005. Habría sido el segundo candidato más votado.
El frente interno

En
el interior de la Iglesia que regentea, Bergoglio fue atacado desde dos
frentes opuestos. Por un lado, los religiosos y laicos
ultraderechistas, acérrimos opositores no ya la legalización del aborto
sino de la distribución de anticonceptivos, lo ven como un tibio
“liberal” reformista. Además, no les gusta la idea de que Bergoglio sea
jesuita, una orden a la que extrañamente se le ha negado el derecho a
encabezar la Iglesia durante cuatro siglos, pese a su lealtad histórica
al papado. En la otra vereda, los párrocos Eduardo de la Serna y Rubén
Capitanio, enrolados en una corriente progresista, le reclamaron una
actuación más enérgica.
La
batalla interna de Bergoglio empieza con el ex número 2 del Vaticano,
el cardenal Sodano. Sodano fue el principal mediador del acuerdo de
Roma con el menemismo, operado a través de Esteban Caselli, embajador
ante el Vaticano de Menem y secretario de Culto de Eduardo Duhalde, del
cual hablaremos más adelante. El segundo de Sodano, el arzobispo
argentino Leonardo Sandri, también estaba enfrentado con Bergoglio.
Ambos,
Sodano y Sandra, junto al presidente del Pontificio Consejo Justicia y
Paz, el cardenal Renato Martino, tenían en carpeta otro referente para
la Iglesia argentina: el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer (y
en menor importancia, al arzobispo de Mercedes-Luján, Rubén Di Monte).
Aguer es un ferviente crítico de la conducción del Episcopado por
Bergoglio. Sin embargo, con la designación de Tarcisio Bertone en lugar
de Sodano, Bergoglio puede estar más tranquilo. Bertone lo respeta, pese
a sus diferencias con el manejo de las relaciones con Kirchner [3].
A
la vez que la figura internacional de Bergoglio tomaba mayor
preponderancia luego de la elección papal, muchos sectores de la Curia
romana le criticaron su tibia defensa de Baseotto, el del entredicho con
el ex ministro de Salud, Ginés Gonzalez García. El conflicto empeoró
cuando el Vaticano anunció la designación de los obispos de La Rioja,
Fabriciano Sigampa, y de San Miguel, José Luis Mollaghan, en los
arzobispados de Resistencia y Rosario. Estas personas no constituían la
preferencia del Episcopado [4].
La pelea con Kirchner
Aunque
de manera solapada, la pelea con Kirchner se remonta a su campaña
presidencial. Para peor, Bergoglio apoyó la candidatura de Joaquín Piña
contra Rovira en Misiones. Otra provocación, esta vez fracasada, fue la
coalición Telerman-Carrió. Sin embargo, se vengó con el triunfo de
Mauricio Macri, acompañado por uno de sus mejores cuadros: la vice
Gabriela Michetti. A Bergoglio se lo ve cómodo en la arena política,
pero tropieza cuando se trata de la defensa corporativa de la Iglesia.
Por ejemplo, durante la condena de Von Wernich, su firma expresó que el
Episcopado se mostraba “conmovido” por el fallo. Así, redujo la
responsabilidad del capellán de la Policía Bonaerense a un tema
personal. Tampoco estableció condena canónica alguna a Von Wernich, que
aún puede dar misa [5]. La misma actitud tuvo con Baseotto, que puede
seguir presidiendo misas en las parroquias de Belgrano y Villa Devoto
[6].
Otra
punta del enfrentamiento es Caselli, que, como dijimos anteriormente,
tuvo un rol activo durante el menemismo y, tras la asunción de Kirchner,
estableció numerosos contactos con funcionarios gubernamentales. Esta
estrategia tiene una pieza vital: el empresario K Mario Montoto. Caselli
le habría ofrecido algunos de sus contactos para que la balanza se
inclinara a favor de Kirchner en la pelea con Bergoglio y conseguir su
desplazamiento. A cambio, habría pedido convertirse en el principal
operador del kirchnerismo en cuestiones relacionadas al clero [7].
Ahora
bien, ¿quién es Montoto? Uno de los principales operadores del Ministro
Julio De Vido, específicamente en el Plan Nacional de Radarización.
Además, es un proveedor privilegiado en cuestiones de defensa y
seguridad, a través de las empresas que representa, la mayoría de origen
israelí. Finalmente, se planteó la posibilidad de que el reemplazante
de Bergoglio al frente del arzobispado porteño fuera el obispo
argentino Leonardo Sandri. Se comenta que la relación entre Sandri y
Caselli sería muy amistosa [8].
El gran organizador
Pese
a estas turbulencias, Bergoglio no está solo. El cardenal cuenta con el
apoyo de los vicepresidentes primero y segundo del Episcopado, el
arzobispo de Tucumán, Luis Villalba, y el obispo de Lomas de Zamora,
Agustín Radrizzani. También está de su lado el principal referente del
progresismo moderado, el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto [9]. Pero
la fortaleza mayor del cardenal proviene de su habilidad para
reorganizar a la oposición política al kirchnerismo, donde cuenta con
una cantidad nada despreciable de cuadros fieles, que atraviesan todo el
espectro opositor, desde Lilita a Gabriela, para quiénes él es, sin
dudas, El Jefe.
Notas
[2] ídem
[8] ídem
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