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El éxito de la huelga general indica el rumbo a la India

En los días previos a la huelga general, el gobierno indio intentó desactivar la protesta anunciando un aumento del salario mínimo hasta las 350 rupias diarias, unos cuatro euros, medida que fue rechazada por los sindicatos alegando que esa decisión apenas afectaría a unos centenares de miles de trabajadores y dejaría en las mismas condiciones a la mayoría de los cuatrocientos setenta millones de obreros del país. Siguiendo el tradicional guión de los gobiernos conservadores, el gabinete de Modi ha intentado restar importancia a la huelga alegando que la vida del país no se detuvo, aunque su envergadura se puso de manifiesto, inadvertidamente, con la posición adoptada por la patronal india, Confederación de la Industria India (Confederation of Indian Industry, CII), que hizo público su apoyo al gobierno de Modi y defendió su política económica, al tiempo que llamaba la atención sobre los graves daños que, en el extranjero, causaría la huelga general en el prestigio del país. Algunos analistas objetaron que si la huelga general no se hubiese producido, como casi mantenía el gobierno, la patronal no debería haberse preocupado por su efecto en el prestigio de la India.
Los desafíos que enfrenta la India son gigantestcos, y todo indica que el gobierno del Bharatiya Janata Party se revela impotente para enfrentarlos con decisión y atendiendo a las necesidades de la mayoría de la población del país. Modi ha impulsado la llamada política de Make in India, con el propósito de desarrollar la industria, además de anunciar una decidida lucha contra la corrupción que no ha dado, hasta el momento, resultados tangibles. Otros gestos, destinados a hacer visible su esfuerzo para desarrollar el país en diferentes campos, como los planes bautizados Digital India, Clean India, y Start up India esperan el examen de los resultados.
Junto a los desafíos internos, el gobierno de Modi pretende también ganar protagonismo internacional para la India; para ello, reclama un puesto permanente para su país en el Consejo de Seguridad de la ONU; y ha impulsado iniciativas de colaboración sobre todo en su entorno inmediato: Bangla Desh, Nepal i Sri Lanka. Las difíciles relaciones con Pakistán, que Modi pretendió cambiar a su llegada al gobierno, han vuelto a ser muy tensas, y ambos países protagonizan enfrentamientos fronterizos que han causado numerosos muertos, que se añaden a la tensión permanente y a los atentados terroristas en Cachemira, que definen una de las zonas de tensión más peligrosas del mundo al enfrentar a dos potencias nucleares.
La aproximación de Modi a Washington, sin quebrar por completo la tradicional amistad india con Moscú, ha creado problemas adicionales en su relación con Pekín, pese a que la India está muy interesada en la colaboración económica con China para desarrollar sus deficientes infraestructuras y sus atrasados sistemas de transporte, así como impulsar las energías renovables (donde China se ha convertido en un referente mundial), el uso eficiente del agua disponible, y el tratamiento de los residuos urbanos, que en un país como la India que cuenta con 1.250 millones de habitantes son problemas de una enorme trascendencia. La visita que realizó Obama a la India, en enero de 2015, buscaba la aproximación a Delhi en su política de contención de China, con el pretexto de la firma de un nuevo acuerdo comercial, aunque la India, pese a todo, sigue muy interesada en la colaboración en el seno de los BRICS, junto a Rusia, China, Brasil y Sudáfrica.
El éxito de la huelga general puede suponer el inicio de una nueva acumulación de fuerzas que lleve a los sindicatos a arrancar mejoras sociales, y a la izquierda a preparar la expulsión de la derecha nacionalista del gobierno del país. Pese al enojo de la patronal y la incomodidad del gobierno de Modi, los millones de huelguistas indios estaban trazando el rumbo para el futuro de la India.
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