¿HÉROE O VILLANO?

¿HÉROE O VILLANO?

miércoles, junio 21, 2017

A 253 AÑOS DE SU MUERTE,FUE EL ALMA DE LOS "PLATENSES"

Artigas, José Gervasio (1764-1850)Resultado de imagen de JOSE GERVASIO ARTIGAS DIBUJOS O CUADROS

Prócer uruguayo y uno de los líderes hispanoamericanos más relevantes del proceso de emancipación, nacido en Montevideo el 19 de junio de 1764 y muerto en Paraguay el 23 de setiembre de 1850. Su obra Nota del Daymán (1811) le convierte además en el primer historiador de Uruguay.
Criado en el seno de una familia criolla de ascendencia aragonesa que formaba parte del primer núcleo poblador de Montevideo, poseía haciendas ganaderas y ocupaba posiciones destacadas en la milicia y en el Cabildo de la ciudad. Artigas recibió educación en primeras letras en el Convento de San Bernardino, y abandonó muy joven la casa paterna para dedicarse al tráfico de cueros en la frontera con Brasil, al mando de una banda de gauchos. En 1797 comenzó su carrera militar tras acogerse al indulto que acompañó la creación del Cuerpo de Blandengues, tropa encargada de la defensa de la frontera hispano-lusitana en la Banda Oriental del Uruguay, la reducción de los indígenas y el combate del contrabando y otros delitos en el medio rural.
Al inicio de la sublevación antiespañola en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810, José Artigas, con 44 años de edad, era Capitán y contaba con sólidos vínculos entre los gauchos, los indios y los hacendados de la Banda Oriental. Ante la declaración de guerra a la Junta de Buenos Aires realizada en febrero de 1811 por Francisco Javier de Elío, llegado a Montevideo como nuevo virrey del Río de la Plata, Artigas abandonó el Cuerpo de Blandengues y ofreció sus servicios a la Junta. Hacendados, campesinos, capataces y peones, junto a militares criollos, curas y letrados, se sublevaron contra las autoridades españolas con el auxilio de la Junta de Buenos Aires. Se plegaron también los gauchos, esclavos fugados e indios (charrúas y minuanes). En mayo de 1811, luego de la victoria de Las Piedras, las fuerzas orientales al mando de Artigas pusieron sitio a Montevideo. A los pocos días se incorporó el grueso del Ejército de Operaciones enviado desde Buenos Aires bajo las órdenes de José Rondeau. Elío gestionó en Río de Janeiro el envío de tropas lusitanas para reprimir el levantamiento, hecho que, junto a las derrotas sufridas por los revolucionarios en Alto Perú y las presiones británicas, llevó al gobierno de Buenos Aires a negociar con el virrey. El armisticio firmado en octubre de 1811 estipuló que las tropas patriotas desocuparan la Banda Oriental, quedando este territorio, más algunos pueblos de la margen occidental del Uruguay, bajo la autoridad española.
Artigas y sus hombres debieron abandonar la zona, pero no marcharon solos. Numerosas familias decidieron acompañarlos por temor a que los portugueses y españoles no respetaran sus personas y sus bienes. El padrón mandado levantar por Artigas antes del cruce del río Uruguay registró más de 4.400 personas de diferentes grupos sociales y étnicos, sin contar los soldados y los carruajes que estaban más alejados. En total, esta emigración en masa superó las 10.000 personas, representando aproximadamente un tercio del total de la población. Instalado el campamento en la margen occidental del río Uruguay, se acrecentó el liderazgo de Artigas, y se desarrollaron lazos de unión y pertenencia que dieron cuerpo al pueblo oriental.
El movimiento, que en un principio había reconocido la autoridad del gobierno criollo instalado en Buenos Aires, proclamó la defensa de la “soberanía particular de los pueblos” como objeto de la revolución. En el Congreso de Tres Cruces, convocado en abril de 1813 para elegir los diputados para la Asamblea Constituyente reunida en Buenos Aires, los orientales fijaron las bases del proyecto alternativo. Se declaraba la independencia de España y de la familia de los Borbones; se proclamaba la forma republicana de gobierno; y se establecía que las provincias debían ligarse por alianzas ofensivo-defensivas, preservando cada una de ellas “todo poder, jurisdicción y derecho” que no hubieran delegado expresamente a las Provincias Unidas (territorio del ex-Virreinato del Río de la Plata), fijando la capital fuera de Buenos Aires. Cada provincia, entonces, podía tener su propia constitución y gobierno, levantar su propio ejército, legislar sobre aspectos económicos y comerciar libremente, rompiendo el monopolio portuario de Buenos Aires. Este enfrentamiento llevó al retiro de las fuerzas artiguistas del sitio de Montevideo (se había reinstalado en 1812) y, como consecuencia, a que el gobierno de Buenos Aires declarara a José Artigas traidor y pusiera precio a su cabeza. Sin embargo, los planteos de corte federal encontraron eco en otras provincias y José Artigas, con el título de “Protector de los Pueblos Libres”, extendió su influencia a Entre Ríos y Corrientes en 1814 y a Santa Fe, Córdoba y Misiones en 1815. El gobierno de Buenos Aires ofreció entonces la independencia de la Provincia Oriental, lo que fue rechazado por Artigas, que aspiraba a formar una confederación con los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata.
La ciudad de Montevideo, que había caído en poder del ejército de Buenos Aires en junio de 1814, fue ocupada por las fuerzas orientales en febrero de 1815 tras la victoria de Guayabos y, a partir de ese momento, José Artigas gobernó toda la Provincia Oriental. A fin de recuperar la producción ganadera y afirmar un grupo social que sustentara el nuevo estado, José Artigas dictó en setiembre de 1815 el Reglamento para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados. Allí se establecía la confiscación de las tierras de los enemigos de la revolución (“malos europeos y peores americanos”) a fin de repartirlas entre los negros y zambos libres, los indios y los “criollos pobres” con la obligación de poblarlas y sujetar el ganado a rodeo. El énfasis puesto en el reconocimiento de los derechos de los “más infelices”, sumado al avance de las fuerzas federales que puso en jaque al Directorio de Buenos Aires, unió a españoles, bonaerenses y ricos hacendados y comerciantes orientales en el apoyo a una nueva invasión portuguesa. Portugal aspiraba a tener un puerto en el Río de la Plata y acceder a las vías fluviales que conducían al interior brasileño, así como explotar las praderas y ganados de la campaña oriental. Además, se temía la propagación de las ideas republicanas y federales en el territorio de Río Grande del Sur.
En agosto de 1816 las tropas lusitanas al mando del general Carlos Federico Lecor invadieron la Banda Oriental y en enero del año siguiente ocuparon Montevideo. La pérdida del puerto fue un duro golpe para la Liga Federal, al que se sumaron el bloqueo del río Uruguay por la flota lusitana, las expediciones militares del Directorio de Buenos Aires contra Santa Fe y las derrotas sufridas por los artiguistas en la Provincia Oriental, especialmente la batalla de Tacuarembó a comienzos de 1820, que otorgó a los portugueses el control de todo el territorio. En estas graves circunstancias, las provincias de Entre Ríos y Santa Fe ensayaron acuerdos directos con Buenos Aires, desconociendo la autoridad del “Protector de los Pueblos Libres”. Iniciado un nuevo frente de batalla, ahora contra Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, José Artigas se vio obligado a ingresar a Paraguay en septiembre de 1820. Luego de una breve reclusión en Asunción fue confinado a San Isidro de Curuguaty, en la frontera con Brasil. En 1841 fue trasladado a las cercanías de Asunción, rechazando el ofrecimiento de volver al entonces Estado Oriental del Uruguay.
Falleció el 23 de setiembre de 1850; sus restos fueron repatriados a Montevideo en 1855. Al año siguiente fueron colocados en una urna con la inscripción Artigas, fundador de la nacionalidad oriental. Sin embargo, pasarían todavía varias décadas para que se desmontara la visión de José Artigas como “jefe de bandidos” y se rescatara su papel como defensor de las ideas republicanas en el Río de la Plata y caudillo de masas, impulsor de un proyecto revolucionario de mayor equidad social.

Autor

  • Ana Frega Novales

No hay comentarios.: