¿HÉROE O VILLANO?

¿HÉROE O VILLANO?

domingo, mayo 28, 2017

TODOS LOS BARRIOS,EL BARRIO


A Dani mucha gente le llamaba Olmedo, porque su bar se llamaba Olmedo, pero no se apellidaba así. A mi madre mucha gente le llamaba Nuria, porque su tienda de ropa se llamaba así, por mi hermana, pero su nombre es Visi. En mi barrio la droguería era la de Valentín, la frutería era la de José Luis y la panadería era la de Mari. Todo era gente, hasta los negocios. Todos te influían y, en cierta manera, te educaban. Alguna lección recibí en el bar de Dani.
Por ese local, justo debajo de mi casa, pasaba a saludar al menos una vez todos los días. Yo era un enano de nueve años en un bar lleno de hombres con mono azul que pedían chatos de vino y hablaban alto. Ya saben cómo era: serrín y cabezas de gambas pequeñas en el suelo, botes de palillos de los anchos, barra de metal. Y foto del equipo de fútbol del bar, de cuando los bares tenían su equipo de fútbol. El del Olmedo iba de morado. La imagen de la plantilla, llena de chavales jóvenes y no tan jóvenes, unos delgados y otros con barriga, presidía el lugar. Resultaba que yo era el socio número uno del club, porque mi padre debió ayudar a fundarlo. Se murió cuando yo tenía dos años. Crecí con mi madre, mi tía y mi hermana. No tuve referentes masculinos. A su manera, Dani fue uno.
Era un hombre cariñoso y serio. Gracioso de barrio, de los que apuñala con la palabra y desmonta con sus pocas sonrisas. Recuerdo hablar mucho con él. Sin duda, el cariño que le tenía a mi padre muerto y a mi madre viuda era fundamental. Siempre sentí que me quería, ese amor colectivo de los barrios de antes, esa sensación de comunidad. Un día me invitó a una Coca Cola porque el Milan le había metido cinco al Madrid y Dani, atlético hasta el dolor, estaba eufórico. No recuerdo que pasara otra vez, porque en los bares donde no impera el postureo y se sobrevive, no se invita a nada. Pero siempre me daba vasos de agua fría. Y cariño a su manera.
Mi madre tenía su tienda de ropa tres locales más allá. Entre medias del bar de Dani y Confecciones Nuria estaban el videoclub de Conchi y la ferretería de Enrique. Pero con Dani era especial. Tanto, que mi madre tenía debajo del mostrador un botón que accionaba con el pie, y que, no sé cómo, instalaron para que sonara en el bar de Dani si le entraban a robar. «Anda que no vino veces con el cuchillo del jamón en la mano», recordaba mi madre el otro día entre risas. Dani había salido en la conversación porque me contó que se ha muerto. De una neumonía, parece. Se lo dijo una mujer del barrio. Y, cuando me lo contó, aunque igual hacía 20 años que no lo veía, me morí de dolor. Porque me jodió que se hubiera muerto Dani y porque ya no vivo en mi barrio. Y me di cuenta de la inmensa pena que me da no estar allí.

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