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Por alfredo zaiat
La economía del miedo
El comienzo de este año es bastante intenso
en el frente económico. En un ambiente caldeado, resulta fundamental
eludir la economía del miedo. Esto no significa que no haya situaciones
complejas a resolver.
La economía argentina enfrenta importantes desafíos de coyuntura y también estructurales, en un marco político distinto a los diez años anteriores porque se ha ingresado en los dos últimos años de gobierno de Cristina Fernández. Esos desafíos merecen ser precisados.
Los aumentos de precios provocan una situación de tensión en una escenario de una revitalizada puja distributiva entre el salario y la ganancia empresaria, el frente externo ya no exhibe la holgura de hace algunos años y el mercado cambiario está en permanente estrés, el fuerte crecimiento de la economía no fue acompañado por obras de infraestructura en algunos sectores, por ejemplo en el área de distribución eléctrica metropolitana o en la red ferroviaria de transporte de pasajeros y de carga.
Aún persisten bolsones de exclusión social y una elevada informalidad laboral, la industria sustitutiva de importaciones no muestra dinamismo ante una débil articulación de la política oficial, el déficit habitacional es importante, un porcentaje de la población no accede a infraestructura básica de servicios esenciales y todavía existen sustanciales brechas educativas según estratos socioeconómicos, empresas de servicios, como la telefonía móvil o los bancos, brindan una deficiente prestación a precios altos que le reportan ganancias abultadas sobre el bolsillo del consumidor.
Estos aspectos conviven en un ciclo político de diez años donde indicadores sociales, económicos y laborales han mejorado sustancialmente, incluyendo las condiciones materiales de los trabajadores, revirtiendo la tendencia negativa en la distribución del ingreso, ganando posiciones los sectores postergados por décadas. La existencia de dificultades de diferente magnitud es una característica inherente a la economía debido a que es un espacio de permanente disputa de actores económicos con intereses contrapuestos.
Resulta esencial dar cuenta del debe y del haber para no tropezar con la misma piedra del fracaso de recetas neoliberales que en décadas pasadas significaron duros deterioros sociolaborales.
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