Una
prueba piloto de BBVA y la israelí Wave consigue automatizar con
blockchain procesos documentales del comercio internacional, reduciendo
drásticamente plazos: de unos diez días a poco más de dos horas.
El atún es un pez bastante rápido y acostumbrado a nadar grandes
distancias, pero si hablamos de comercio internacional el atún es un
producto lento, tan lento como una ballena. El problema es el papeleo, y
blockchain puede ser la solución.
Pero, ¿qué tienen que ver la tecnología que sustenta bitcoin y el atún de bote de tu ensalada?
Es la primera vez que blockchain se utiliza para una operación de comercio internacional entre Europa y Latinoamérica
Detrás de un móvil chino, unas zapatillas vietnamitas o un jersey
turco, hay una compleja industria, global, con decenas de intermediarios
y una logística endemoniada. No se trata solo de trasladar enormes
contenedores por los océanos, que también, sino de tramitar pagos,
documentación y seguros entre empresarios que no se han visto ni se
verán en su vida.
Uno de los puntos claves de toda esta documentación es la llamada carta de crédito,
un documento bancario que asegura la documentación, y en última
instancia el pago, entre importador y exportador. Implica muchas manos,
muchos papeles y sobre todo, mucho tiempo: su tramitación habitual ronda
los diez días.
Y ahí entra blockchain.
Una prueba piloto desarrollada por BBVA, en colaboración con la compañía israelí Wave,
ha llevado todos los procesos de la carta de crédito a una blockchain
privada, en la que participaban cuatro partes: la exportadora Pinsa
Congelados, de Mazatlán (México); la española Frime, que adquiría 25
toneladas de atún congelado; BBVA España y BBVA Bancomer, también de
México. La verificación y autorización de toda la transacción, a través
de la carta de crédito, se realizó en dos horas y veinte minutos. Por
los métodos tradicionales, los que se llevan décadas utilizando en el
comercio internacional, no se tarda menos de una semana.
Es la primera vez que blockchain se utiliza para una operación de
comercio internacional entre Europa y Latinoamérica, pero hay otros
ejemplos anteriores en otras zonas del mundo. También de la mano de
Wave, Barclays utilizó blockchain en septiembre de 2016 para tramitar la carta de crédito de una exportación de queso y mantequilla de una cooperativa irlandesa. Le costó un poco más: cuatro horas.
Pero no se trata de una carrera, de una mera cuestión de tiempo.
Blockchain está comenzando a cambiar los procesos del comercio
internacional y la industria naviera, que lleva años renqueante. Según datos recopilados por The Wall Street Journal,
las veinte grandes empresas del sector perdieron conjuntamente el año
pasado 5.000 millones de dólares, si bien su situación está mejorando en
2017.
Sus procesos pueden mejorar drásticamente con la cadena de bloques.
Como explica Javier San Martín, presidente de la empresa de formación
sobre la cadena de suministro Logistun y socio de Soluciones Blockchain,
“hablamos de una tecnología que desde su nacimiento, hace casi diez
años, nadie ha sido capaz de desencriptar. Una encriptación así
significa mucha seguridad, la seguridad es confianza y la confianza es
lo que necesita el comercio internacional, donde una coma mal puesta
puede frenar en el último momento una operación”
Junto a la seguridad, San Martín enumera otras tres ventajas de
blockchain en su aplicación al comercio internacional: la inmutabilidad
de los documentos, la información compartida por todas las partes
-“sabes lo que está sucediendo y puedes planificar lo que va a suceder”-
y la posibilidad de la automatización de más procesos.
Esa automatización de los procesos sería el siguiente gran paso en la aplicación de blockchain, y llegaría a través de los smart contract.
La propia cadena de bloques certificaría y automatizaría las
facturaciones y los pagos, una vez que se cumpliesen las condiciones
prefijadas, como por ejemplo, la llegada a puerto de la mercancía en
buen estado.
Como responsable de Digital Trade Finance en Client Solutions de
BBVA, Daniel Berenguer ha seguido en primera línea el programa piloto
entre México y España. ¿Cree que puede la cadena de bloques convertirse
pronto en el estándar para los procesos del comercio internacional? “La
adopción del mercado es el primer desafío, más que la escalabilidad de
la tecnología en sí. Hay que uniformizar procesos, pero llegar a
una estandarización global me parece muy complicado”, asegura. Al menos
blockchain ya “ha provocado que los bancos estemos teniendo una
comunicación más fluida entre nosotros mismos”, sin tanta competencia y
recelo, y a través de consorcios como R3, Hyperledger o Alastria.
San Martín advierte, por su parte, que una tecnología como blockchain
“democratiza”, pero también puede convertirse en una barrera de acceso.
“Hay un coste del pionero: si sale mal, pierde el dinero, pero si no,
consigue una posición de dominio”, asegura. Empresas como IBM ya están
desarrollando nuevas vías de negocio utilizando blockchain para
monitorizar grandes envíos, certificando así que después de décadas sin
apenas cambios, la disrupción tecnológica ha llegado al comercio
internacional de mercancías. Dentro de unos años el atún seguirá
llegando al supermercado, pero su viaje será muy diferente.
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