¿HÉROE O VILLANO?

¿HÉROE O VILLANO?

jueves, diciembre 16, 2010

"La dictadura sigue entre nosotros"


Carlos Jiménez Villarejo ha coordinado 'Solidaridad con el juez Garzón', una obra que recopila varias reflexiones en apoyo al magistrado de la Audiencia Nacional

PATRICIA CAMPELO.

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Carlos Jiménez Villarejo durante la presentación de 'Solidaridad con el juez Garzón', una libro de apoyo al juez. /

Carlos Jiménez Villarejo durante la presentación de 'Solidaridad con el juez Garzón', una libro de apoyo al juez. /PUBLICO

"Es la España liberal la que habla por este libro". Así ha subrayado la catedrática de la Universidad Complutense de Madrid, Fanny Rubio, el carácter plural de la publicación en defensa del juez Garzón en la que colaboran jueces, fiscales, magistrados, periodistas, profesores, escritores y diferentes organizaciones y que ha sido coordinada por el exfiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo.

Solidaridad con el juez Garzón (Páramo) es una obra "colectiva", según ha explicado Rubio en la presentación del libro. Incluye un compendio de artículos y reflexiones que conforman este ensayo como un trabajo de "opinión pública", en el que diferentes profesionales han plasmado su apoyo al juez, inhabilitado desde el pasado mayo.

El lenguaje de la obra se ha tratado desde la "objetividad" defendida "con pasión", según la catedrática, que ha explicado que el eje principal es "constituir el apoyo al juez".

Jiménez Villarejo, que ha criticado la actitud del Supremo hacia Garzón en la causa relacionada con la investigación de los crímenes franquistas, ha indicado que la recopilación realizada para este ensayo trata de aportar "un testimonio vivo de la tragedia que está viviendo nuestra democracia".

Pena anticipada

El exfiscal ha criticado la lentitud del Tribunal Supremo en señalar la fecha del juicio a Garzón. En ese sentido, ha señalado que los siete meses que lleva suspendido de empleo y sueldo el magistrado, supone un "cumplimiento anticipado de la pena". Villarejo explica esta falta de diligencia por razones de "cobardía institucional" debidas a que el Alto Tribunal "está esperando a que se condene al juez por las otras dos causas (cursos del Santander y escuchas en el caso Gürtel ) y así no quedar mal en el plano internacional", ha apuntado.

La oficina de víctimas del ministerio ha identificado un mapa con 1.097 fosas

Como una "denegación constante de justicia" ha calificado el último auto del Supremo en el que rechaza a más de la mitad de los testimonios propuestos por Garzón para que declarasen en su juicio. Entre estos testigos denegados está el propio Villarejo. "Los magistrados del Supremo no están por la labor de seguir criterios de razón y derecho", ha denunciado.

En la misma línea de declaraciones enérgicas, ha señalado que, tras conocerse los datos oficiales ofrecidos por la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura del ministerio de Justicia, en los que han identificado 1.097 fosas, Villarejo concluye que "continúa entre nosotros la Guerra Civil y la dictadura", porque "siguen sin exhumarse los restos que hay en todos esos enterramientos".

Otras de las firmas que se encuentran en libro es la de Florentina Rodríguez, nieta de una desaparecida, y miembro de la Plataforma de Córdoba por una justicia democrática. Con intensa emoción ha retratado la situación de desamparo por la que pasan las víctimas del franquismo, aunque lejos de la resignación, ha lanzado un mensaje claro: "A los familiares no nos van a callar y no vamos a permitir más impunidad".

Numerosos apoyos

Al igual que Villarejo, ha criticado el rechazo del Tribunal Supremo hacia los testimonios que Garzón había solicitado para testificar en su juicio. "El cerco se ha estrechado un poco más hoy", ha apuntado. Rodríguez, que no obtuvo permiso judicial en Córdoba para exhumar el cuerpo de su abuela, recalca el grado de apoyos que tiene el magistrado inhabilitado: "Nunca un juez tuvo tanto apoyo y nunca en tantos sitios".

"A los familiares no nos van a callar"

Por último, los ponentes han agradecido a los diferentes colectivos y particulares que han colaborado con sus artículos, desde el municipio de Ferrol, cuyo alcalde, ha recordado el exfiscal, fue llamado a declarar por una moción de apoyo público a Garzón, y otras organizaciones como la Asociación de Memoria Social y Democrática.

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miércoles, diciembre 15, 2010

POGROM ARGENTINO


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Por Alicia Dujovne Ortiz *

Cuando yo era chica, mi madre, bolche si las hubo, solía referirse a un misterioso personaje llamado “pequeñoburgués”. A juzgar por el rictus de sus labios, el tamañito del personaje no la enternecía para nada. Además, la mención del pequeñuelo iba siempre acompañada por la palabra “prejuicio”. Un montón de cosas que a mí me encantaban eran desechadas categóricamente por formar parte del “prejuicio pequeñoburgués”. Con el correr del tiempo tuve por fuerza que admitir la existencia real del enanito, y comprender, de paso, que su pequeñez no sólo se relacionaba con su bolsillo, menos abultado que el del gran burgués, sino con las dimensiones de su cerebro. No es que la gran burguesía no tenga cerebro de mosquito, sino que el del pequeñoburgués se empequeñece en la medida misma de su terror a que los haberes se le reduzcan todavía más, y a pasar de medio o cuarto de burgués a pobre entero. La definición del pequeño burgués y de su prejuicio podría justamente ser: alguien con miedo.

¿De qué? De que el diferente no se le vaya a convertir en semejante o, más bien, de que él no se encuentre de buenas a primeras convertido en otro: pobre, negro y feo. Y maloliente, ya que estamos. Cuando Jacques Chirac quiso congraciarse con la mayoría de pequeñoburgueses prejuiciosos que integra su país, aludió a “los olores” de la inmigración. Lo mismo ha hecho Sarkozy con los gitanos, obteniendo como compensación un 60 por ciento de opiniones pequeñoburguesas favorables, y lo mismito, para decirlo en boliviano, acaba de hacer Macri.

La falta de ternura de mi madre hacia el personajito de marras se basaba en cierto conocimiento de la historia. ¿Cómo se arma un pogrom? Atizando el miedo de los pequeños y, créase o no, su envidia: ese judío ropavejero tiene más plata que yo, a ese negro de mierda lo ayudan con planes y a mí no. Siempre hay un Zar o un Führer que echa leña al fuego y siempre los punteros por ellos enviados con el objeto de excitar al pequeñoburgués encuentran las palabras justas para que el temeroso y/o envidioso, en general buen muchacho, buen padre y buen amigo, se vuelva criminal.

Como uno, lo del buen muchacho, un poco se lo cree, la imagen de la policía y de los barrabravas masacrando a miembros de una de las comunidades inmigrantes más solidarias y laboriosas de la Argentina me impresionó menos que la de los honrados vecinos envueltos en la bandera argentina, como durante la Guerra de la Soja. Que hay violencia organizada lo sabemos, pero calibrar la potencia generadora de esa violencia, su capacidad de avivar la que hasta ahora había permanecido en estado latente en el interior de las vísceras pequeñoburguesas ya cuesta más. Si con alguno de los actores de este drama me identifico, aparte de los bolivianos industriosos, es con el médico al que le dio un ataque al corazón cuando le bajaron al pibe herido de la ambulancia con la pretensión de fusilarlo en tierra. Semiataques a menudo han sabido darme cuando los choferes de taxi me prometían cortar a los negros a rebanadas o, solución final, proponían coserles las trompas a las negras para que no siguieran pariendo, pero una cosa es palpitársela y otra verla.

Lo único que me consuela es que a los bolivianos los conozco. Los conocí antes, mucho antes de que vinieran a sembrar los alrededores de nuestra ciudad, trabajando de sol a sol y llenándonos la vida de plantas y verdura barata, lindas santarritas, zapallos cortaditos con paciencia ancestral (el Conurbano tendrá la napa contaminada, pero igual, para ellos, plantar sobre la tierra negra, viniendo de la luna cenicienta en la que han nacido, es un regalo divino). En los años cincuenta viví de cerca una de las primeras revoluciones latinoamericanas, la del MNR que hizo la reforma agraria en tiempos de Paz Estenssoro y Siles Zuazo. Esa revolución se vino abajo como tantas, pero fue entonces cuando aprendí a admirarlos. Si la definición del enano blanco, también llamado pequeñoburgués, es la de miedoso, la del indio o el cholo boliviano es la de resistente. Un pueblo que ha durado desde el Incario manteniendo el sentimiento comunitario no es tan fácilmente expulsable como lo creen nuestros esforzados patriotas cubiertos de azul y blanco (colores a los que amo demasiado como para que verlos usados para eso no me dé grima). Basta observar a las familias bolivianas distribuyendo sus guisitos de toldo en toldo, o reunidas en círculo y guardando una distancia respetuosa en torno de la viuda de un asesinado, para entender que ese Parque Indoamericano de nombre premonitorio acabará por ser suyo.

Mientras tanto, hemos asistido a nuestro primer pogrom. La Semana Trágica tampoco estuvo mal, pero los que quemaban barbas de judíos eran militantes nacionalistas y niñitos bien. Estos honrados vecinos de los monoblocks de enfrente se hallan lejos de ser pitucos, no están afiliados a nada, no tienen ninguna ideología, salvo la de aferrarse con uñas y dientes a sus bienes y defenderlos de su enemigo, el negro. Es por eso que marcan territorio meando alrededor, lo cual no torna más fragante la historia.

En cambio puede que la torne más peligrosa: tampoco la baja clase media alemana de los años veinte comenzó por tener ideología; lo que tenía era bronca, desazón y, es claro, miedo. Esta que a nosotros nos ha crecido como un grano, como una excrecencia, esta que traiciona la memoria del abuelo, el que llegó con el monito al hombro, se ha desnudado en público, o, como dicen los psi, ha pasado al acto. Su racismo primario, sus dos dedos de frente y, digámoslo con dolor y temblor, sus evidentes ganas de aplastar cráneos la convierten en una excelente materia prima puesta a disposición del que la quiera usar. Por lo visto, alguien quiere.

Concluyo estas líneas con un sentido homenaje (o un feminaje, para no emplear una palabra que no me corresponde en vista de mi sexo) a la extrañada Silvia Bleichmar que, refiriéndose al jefe de Gobierno porteño, escribió con sencillez: “Esto es El huevo de la Serpiente”.

martes, diciembre 14, 2010

UGT COME EN LA EMBAJADA USA

Cándido Méndez también se reunió con el embajador de Bush

"No sacó a relucir la fuerte oposición de la UGT a la guerra de Iraq", señaló Eduardo Aguirre, ex embajador de Estados Unidos en Madrid, en un cable a Washington fechado el 7 de febrero de 2006, un día después de la reunión.

No sólo los políticos visitan la Embajada de Estados Unidos. Las cúpulas de los sindicatos mayoritarios también lo hacen. Esto es lo que se desprende del cable hecho público por Wikileaks el miércoles 8 de diciembre, que recoge el mensaje enviado el 7 de abril de 2006 a Washington por parte del entonces embajador estadounidense en Madrid, Eduardo Aguirre Jr.

En el documento, Aguirre relata la reunión que el día previo había mantenido con el secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), Cándido Méndez. El embajador convocó a Méndez a una "visita de cortesía" en la que el tema principal fue la frustrada venta de aviones por parte del Estado español a Venezuela. Estados Unidos impidió al Gobierno español la venta al Gobierno de Chávez de 12 aviones EADS CASA, debido a las políticas del Departamento de Estado contra Venezuela. Los aviones tenían tecnología estadounidense, por lo que EE UU consiguió evitar la operación.

Según Aguirre, Méndez estuvo "amigable y sociable", y "claramente quería establecer una buena relación". El líder de la UGT indicó que la central sindical "no era amiga del Gobierno de Chávez", a lo que añadió que "había tomado una firme posición en la defensa del sindicato venezolano CTV". La Confederación de Trabajadores de Venezuela secundó en 2002-2003 el paro petrolero impulsado por la patronal venezolana que tuvo en jaque al Gobierno. Su presidente, Carlos Ortega, había sido condenado a finales de 2005 a 16 años de cárcel por varios delitos incluido el de rebelión civil, posteriormente escapó de prisión y está refugiado en Perú.

A pesar de sus opiniones contra Chávez, Méndez señaló al embajador su preocupación por la negativa de Estados Unidos a autorizar la venta de los aviones, ya que hubieran supuesto un impulso al empleo en los astilleros.

El embajador de Bush y el líder sindical también charlaron sobre otros temas, según indicó Aguirre: "No sacó a relucir la fuerte oposición de la UGT a la guerra de Iraq o su organización de manifestaciones masivas contra la guerra, incluso cuando la conversación giró al peligro representado por los veteranos yihadistas extremistas que tras ese conflicto [el iraquí] volvían a sus hogares en Europa".


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Cándido Méndez, secretario general de la UGT.

lunes, diciembre 13, 2010

España no es España







Después de convencernos de que España no era Grecia, de que España no era Irlanda, de que España no es Portugal, pronto nos convencerán de que España no es España. Como un boxeador sonado y apaleado (en cuerpo ajeno), el gobierno del autodenominado Partido Socialista Obrero Español se arrastra zigzagueando, mirando de reojo al tipo del gong, a ver si termina de una vez el asalto porque el maldito cacharro no suena y apenas quedan ya más toallas que tirar hacia la izquierda.

España, octava potencia mundial, puede pasar de jugar en la Champions League de las potencias desarrolladas a ser tutelada, salvada y extorsionada por instituciones financieras que, tras años de espejismo, la tratarán como periferia, imponiendo las reformas precisas para mantener la rentabilidad de las grandes empresas y el cobro de la deuda contra la democracia si es preciso.

“Hay que reinventarse”, “tenemos que hacer los deberes”, “hemos de ser serios”, “debemos ser creíbles”, “hay que hacer lo que hay que hacer”, “nos hace falta ganar credibilidad”, “haremos lo que haga falta para recuperar la confianza de los mercados”... El mensaje es claro: hay que calmar a la bestia mostrando firmeza: las ganancias se recuperarán bajando los salarios directos e indirectos (desprotección social), privatizando las pensiones, desregulando el mercado laboral para aumentar el grado de explotación, impulsando la exportación para sortear el descenso de la demanda interna… La mejor de las recetas para tercermundializar a la octava potencia económica.

Pero, realmente, ¿España fue alguna vez un éxito económico “sin parangón” en los últimos decenios, una democracia moderna y consolidada, un “milagro económico”? ¿Milagro económico el progreso del regreso al desarrollismo tardofranquista (construcción, turismo, inmigración por emigración)? Más aún: ¿se abandonó alguna vez el capitalismo decimonónico corrupto, rentista y especulador?

Este país se parece mucho menos a la España imaginaria de la “economía del conocimiento” que al legado de un capitalismo sólo impulsado por la inversión extranjera, heredero de estructuras feudales agrarias y sin revolución burguesa nacional y popular, con su corte de burguesía vergonzante, aristocracia rentista, ejército y catolicismo.

La letanía referente al “cambio del modelo productivo”, seguido (aun con la lengua fuera) por el “aprendizaje a lo largo de la vida”, es decir, por la adecuación de la mano de obra a una estructura laboral basada en la ciencia y la tecnología como instrumentos del relanzamiento de la ganancia capitalista, más que como proyecto verosímil, suena a mantra, a intento mágico de modificar, por la pura fuerza taumatúrgica de la palabra, la historia del Estado español, con su debilidad industrial y baja cualificación del trabajo (el mayor de los incentivos para el abandono prematuro de los estudios); como si se pudiera cambiar en pocos años el sedimento de siglos en que desembocó una historia de rentismo, oligarquía y destrucción del trabajo cualificado y organizado (por no ir más lejos: desde la insurrección de Barcelona de 1842 hasta la guerra civil española, un concienzudo genocidio social e ideológico).

Por el libro La España del siglo XIX, de Manuel Tuñón de Lara (Editorial Laia, Barcelona, 1981), desfilan personajes increíblemente anacrónicos y actuales: despechados empresarios catalanes y vascos, temerosos de Dios y la clase obrera; especuladores, terratenientes andaluces y beneficiarios de la desamortización (“golpe de muerte” a los bienes comunales de los pueblos, dinámica de enclosures a la española); nobles cortesanos, militares de fortuna, políticos advenedizos y audaces abogados, todo ello aderezado con la “crónica rosa” del momento, sus camarillas, su tráfico de influencias alrededor del Estado y el capital bancario extranjero, su moralidad social y religiosa por el haz e inmoralidad política y financiera por el envés. Como diría un periodista, todo ello se nos aparece como de una “rabiosa actualidad”.

Más que analogías, nos topamos en la lectura con auténticas simetrías entre la situación actual y la de mediados del siglo XIX: como hoy las grandes constructoras (ACS, Acciona, Ferrovial…), entonces, las sociedades dedicadas a concesiones de obras públicas totalizaban un porcentaje enorme (más del 60%) de los capitales invertidos, lo que “da la tónica de un capitalismo más propicio a la connivencia con el Estado que a fuerte impulsión capaz de transformar la economía nacional.” Como ayer, hoy predomina el capital extranjero (poco comprometido con la formación de un mercado nacional, presto a alimentar cualesquiera burbujas económicas), comercial y especulativo, con unos bancos que sólo secundariamente se orientan a la producción. En aquella época destacaba como motor económico el desarrollo de carreteras y tendidos ferroviarios. En este sentido hay que decir que el PSOE realiza una política supermoderna en su, como suele decirse, “apuesta” (puesto que vivimos en el “capitalismo de casino”) por la alta velocidad y la construcción de autovías y autopistas; política supermoderna, decimos, pues ya a mediados del siglo XIX era moderna. Este tipo de crecimiento sin desarrollo, ayer y hoy, ha frustrado otro crecimiento posible, basado en la cualificación del trabajo, la producción industrial y la tecnología (sin entrar en este punto en ningún tipo de beatería tecnofílica: el puro desarrollo científico-técnico no supone ningún avance para el trabajo mientras permanezcan intactas las relaciones sociales de producción). En nuestro caso, el mercado inmobiliario atrajo una cantidad inmensa de capitales que podrían haber sido dirigidos hacia la industria.

Los caciques locales siguen administrando en el campo los negocios de sus amos de Madrid o cualesquiera capitales de provincia, especialmente los “terratenientes” del monocultivo del ladrillo, dificultando la diversidad económica y la autosostenibilidad de los territorios. Los patrones, salvando las diferencias, conservan en buena medida “toscas concepciones sobre la productividad”: hace 150 años se defendían las virtudes de la mano de obra esclava de las colonias frente a la costosa maquinaria; según parece, los terratenientes andaluces se resistían a sustituir los bajos jornales por un simple arado de vertedera. Sólo hasta tiempos relativamente recientes han comenzado a sumarse, con fervor de converso, a la equívoca y presuntuosamente llamada “sociedad de la información y el conocimiento”.

Es especialmente instructiva la narración acerca de las primeras sociedades obreras de resistencia y solidaridad, influidas, hacia los años 1840 – 50 por el socialismo utópico y el cooperativismo, las luchas, los asesinatos, las deportaciones, la clandestinidad… Nada de esto es hoy necesario, basta con la movilización política y mediática de la patronal y sus sicarios (y la consecuente desmovilización popular) para hundir a los sindicatos y la legítima defensa de la negociación colectiva. Puede sonar exagerado, pero esperemos que siga siendo un anacronismo el lema de los primeros grupos de trabajadores: “asociación o muerte”.

Me temo que “los mercados” tienen claro que España sigue siendo España. A la sombra de nuestra indolencia afilan los dientes. Nos ofrecerán a un alto precio sus sensatas, realistas, cabales recomendaciones políticas y económicas: “ajuste estructural” es la fórmula para salvarnos de la crisis. Naomi Klein, en La doctrina del shock, expresa así este imperativo: “¿Quiere salvar a su país? Véndalo”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, diciembre 12, 2010

UN PERSONAJE MUY ANIMALO

Los adolescentes españoles creen que el Caudillo era un personaje de animación


.Cuando uno se acerca a jóvenes de entre 13 y 17 años y les comenta si conocen la figura del Caudillo, nombre que designaba a Francisco Franco, lo que se espera como respuesta dista mucho de lo que uno realmente oirá. Y es que, según el Instituto Nacional de Estadística, la gran mayoría de adolescentes -un aplastante 97,3%- cree que se trata de algún personaje de dibujos animados. Por tanto, los comentarios que se obtienen al sacar el tema son del tipo: “A ver si me la bajo” o “A mí es que los dibujos en blanco y negro me dan bajona”.

Cuando uno se acerca a jóvenes de entre 13 y 17 años y les comenta si conocen la figura del Caudillo, nombre que designaba a Francisco Franco, lo que se espera como respuesta dista mucho de lo que uno realmente oirá. Y es que, según el Instituto Nacional de Estadística, la gran mayoría de adolescentes -un aplastante 97,3%- cree que se trata de algún personaje de dibujos animados. Por tanto, los comentarios que se obtienen al sacar el tema son del tipo: “A ver si me la bajo” o “A mí es que los dibujos en blanco y negro me dan bajona”. Alguno, incluso, va más allá y se atreve a aventurar un argumento: “El Caudillo es como Batman pero en español. Y tiene un compañero fiel como Robin, pero que también es español y que es muy rápido y que se llamaba Carrero. Y que no puede volar pero da unos saltos sobrehumanos”.

Los datos han sido revelados en el marco de un estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional de Estadística y que trata de determinar el grado de conocimiento que tienen los adolescentes españoles de figuras históricas del país. El resultado ha sido desolador. Siendo preguntados acerca del Conde Duque de Olivares, muchos intentaron relacionarlo con la Duquesa de Alba y “Sálvame Deluxe”, y en el caso de Primo de Rivera muchos admitieron no conocer “ni a Rivera ni mucho menos a su primo o a su puta madre”.

Diferente respuesta cosechó la pregunta en torno a la generación del 98, con la que muchos encuestados dijeron sentirse identificados. Especialmente los alumnos de 12 años. Lo paradójico es que también demostraron desconocer completamente quiénes son Unamuno o Pío Baroja.

Intereconomía producirá una serie sobre el Caudillo.

El canal Intereconomía TV ha aprovechado la publicación de los datos para anunciar que producirá una serie de animación sobre las divertidas andanzas de “Caudillo pantalones pequeños”. La serie constará de 13 capítulos y no está destinada a adolescentes sino a los más pequeños de la casa. “Es una serie educativa donde los niños tendrán que responder a las preguntas que les haga Caudillo”, explica el director del grupo Intereconomía, José Manuel Díez Quintanilla. “Tendrá una especie de mascotita que es un pequeño feto abortado. Será el típico personaje coñón y divertido. Esperamos que, dentro de un par de años, todos los niños lleven carpetas, pijamas y juguetes con estos personajes”.



'Italia es el laboratorio del totalitarismo moderno'


ENTREVISTA a Stefano Rodotà Coautor de la Carta Fundamental de Derechos de la UE


Puntal del laicismo, la democracia y el sentido común, Stefano Rodotá es un hombre exquisitamente amable. Sabio del derecho, comprometido a la antigua y heredero del activismo de Pasolini, es acaso el penúltimo humanista europeo y uno de los pocos intelectuales de referencia que quedan en esta Italia "triste y deshilachada, que solo se mira el ombligo y parece cada vez más un apéndice del Vaticano cuando se acercan los 150 años de la unidad del país".

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"Italia, triste y deshilachada, solo se mira el ombligo y parece cada vez más un apéndice del Vaticano"

"Los obispos italianos no admiten el testamento biológico; los alemanes propusieron un texto más avanzado que el de la izquierda italiana"

"Necesitamos un derecho amable, no un derecho que niegue los derechos. La religión no puede domar la libertad"

"En Europa crecen la xenofobia y el racismo, y la debilidad cultural de Italia se expande por el Continente"

Profesor emérito de Derecho Civil en la Universidad de La Sapienza de Roma, Rodotà, nacido en Cosenza hace 73 años, escribe libros y artículos, asiste a congresos, dirige el Festival de Derecho de Piacenza, promueve manifiestos y da la batalla civil por un sinfín de causas, de la libertad de prensa a la ética pública y la eutanasia.

Elegido diputado por el Partido Comunista Italiano en 1979, vivió la convulsa década final de la Primera República en el Parlamento y luego fue el primer presidente del Partido Democrático della Sinistra (PDS), fundado en 1991 por Achille Occhetto a partir de las cenizas del PCI. Solo un año después, quizá profetizando la que se avecinaba, abandonó la política.

Hoy enseña en universidades de todo el mundo, y como especialista en filosofía del derecho y coautor de la Carta Fundamental de Derechos de la UE, es la "tabla" de medir libertades individuales, nuevos derechos, calidad democrática y abuso de poder. Sus textos sobre la relación entre derecho e intimidad, tecnología, trabajo, información y religión se consideran clásicos.

Ahora, Trotta acaba de traducir su libro La vida y las reglas. Entre el derecho y el no derecho, un ensayo de 2006 ampliado en 2009 en el que Rodotá replantea los límites del derecho y reivindica uno nuevo, "más sobrio y respetuoso con las múltiples y nuevas formas que ha adquirido la vida humana".

El profesor denuncia la tiranía que los nuevos popes de la ley tratan de imponer a los ciudadanos: la "casta de notables" que forman juristas y abogados, los grandes despachos internacionales que "crean las reglas del derecho global por encargo de las multinacionales", los "invisibles legisladores que secuestran el instrumento jurídico, transformando una mediación técnica en una actitud sacerdotal".

El libro traza una crítica posmarxista de la jungla de las ataduras legales que frenan las libertades que traen las innovaciones técnicas y científicas. Partiendo de Montaigne ("la vida es un movimiento desigual, irregular y multiforme"), Rodotá explica cómo el "evangelio del mercado", el poder político y la religión han coproducido "una mercantilización del derecho que abre la vía a mercadear incluso con los derechos fundamentales", según se ve en asuntos tan dispares como la inmigración, las técnicas de fertilización o los avances de la biología.

Según Rodotá, esa lógica mercantilista e invasiva es "radicalmente contradictoria con la centralidad de la libertad y la dignidad", y la privatización de la legalidad en un mundo global crea enormes desigualdades, paraísos e infiernos, "lugares donde se crean nuevos derechos y libertades y otros donde el legislador pretende adueñarse de la vida de las personas".

"La paradoja es que esa disparidad, que en teoría ayuda a extender la conciencia de la igualdad por el mundo, puede consagrar una nueva ciudadanía censitaria", explica. "Si se legisla sobre los genes, el cuerpo, el dolor, la vida, los regalos o el trabajo aplicando la represión, la arrogancia y la técnica empresarial de la deslocalización, las libertades se convierten en mercancías y solo aquellos que pueden permitirse pagar pueden acceder a ellas".

Rodotà cita por ejemplo las leyes sobre los matrimonios homosexuales o la reproducción asistida, "que en Italia han creado un flujo de turistas del derecho hacia países como España y otros menos seguros como Eslovenia o Albania". Y en el lado opuesto, "los paraísos fiscales y los países que respetan menos los derechos laborales o la legislación ambiental, y así captan empresas y millonarios".

El gran reto, afirma en esta entrevista, es "salir del derecho y regresar a la vida". O, como afirma en el prólogo del libro el profesor José Luis Piñar Mañas, "vincular vida y derecho, derecho y persona, persona y libertad y dignidad; poner el derecho al servicio del ser humano, y no del poder".

Pregunta. ¿No es paradójico que un jurista alerte contra los excesos del derecho?

Respuesta. Bueno, la mayor paradoja es que el derecho, que debe solo ser una mediación sobria y sensata, se convierta en un arma prepotente y pretenda apropiarse de la vida de la gente. Esta nueva tendencia está muy ligada a las innovaciones científicas y tecnológicas. Antes nacíamos de un solo modo; desde que Robert Edwards, el flamante premio Nobel, inventó el bebé probeta, han cambiado las reglas del juego y la ley natural no se gobierna solo por la procreación natural. Hay otras oportunidades de elegir y surge el problema: ¿debe actuar el derecho? ¿Hasta dónde? A veces, su pretensión es meter en una jaula a la ciencia, oponer derecho a derechos, usar el derecho para negar libertades. ¿Es eso lícito? A veces puede parecer que lo es, por ejemplo en la clonación.

P. ¿Y otras veces?

R. A mi juicio, el derecho debe intervenir, pero sin arrogancia, sin prepotencia, sin abusar, dejando a las personas decidir de forma libre y consciente. El caso de Eluana Englaro es un ejemplo palmario del uso prepotente de la ley y, de paso, del retraso cultural y político italiano. El poder y la Iglesia decidieron, contra lo que afirma la Constitución sobre el inalienable derecho de las personas a su dignidad y a su salud, que era preciso actuar para limitar la dignidad de esa mujer sin vida cerebral y el derecho de su padre a decidir por ella. El problema no es solo el empellón autoritario del poder político, sino el insensato desafío a la norma soberana, la Constitución, y la colaboración de la Iglesia en ese ataque.

P. La Iglesia odia también las células madre. Pero la fecundación asistida fue prohibida en Italia en un referéndum popular.

R. Algunas innovaciones científicas ponen en tela de juicio la antropología profunda del ser humano. El uso y descarte de distintos embriones en las técnicas de fertilidad es una de ellas. El derecho debe acompañar esos cambios, pero no bloquearlos. Los científicos piden reglas para saber si sus avances son moral y socialmente aceptables. Un uso prepotente de la ley limita sus investigaciones, niega el avance mismo, y al hacerlo se apodera de nuestras vidas porque nos niega todo derecho, o peor todavía, se lo niega solo a algunos. Los ricos italianos pueden ir a fertilizarse a España, los pobres no. Eso produce una ciudadanía censitaria y destruye el estado social. La vida está antes que la política y el derecho.

P. ¿La Italia actual está sometida al fundamentalismo católico?

R. Italia es un laboratorio del totalitarismo moderno. El poder, al abusar del derecho, privatizarlo y tratarlo como una mercancía, da alas al fundamentalismo político y religioso, y eso mina la democracia. Los obispos italianos no admiten el testamento biológico; los alemanes propusieron un texto más avanzado que el de la izquierda italiana. Al cumplirse un año de la muerte de Eluana, Berlusconi escribió una carta a las monjitas que la cuidaron diciendo que estaba muy triste por no haber podido salvarle la vida. Admitió públicamente que el poder había tratado de adueñarse de su vida. Ahora acaba de ofrecer un Plan por la Vida a la Iglesia. Con tal de tener su apoyo para seguir gobernando, Berlusconi ha malvendido el Estado de derecho al Vaticano por cuatro perras.

P. Y los homosexuales siguen sin derechos. Y los laicos cada vez pintan menos.

R. El Tribunal Constitucional ya ha dicho al Parlamento que debe reconocer las bodas gais. La Carta de Derechos de la UE es también muy clara. Necesitamos un derecho amable, no un derecho que niegue los derechos. La religión no puede domar la libertad. La Constitución de 1948, artículo 32, dice que la ley no podrá en ningún caso violar los límites impuestos por el respeto de la vida humana. Ese artículo se hizo pensando en los experimentos nazis, con la emotividad de los procesos a los médicos en Nuremberg. ¡Y lo hizo Aldo Moro, un político católico!

P. ¿Pensó alguna vez que llegaría a añorar a la Democracia Cristiana?

R. Aquellos políticos tenían otra talla cultural. Las discusiones parlamentarias entre la DC y el PCI eran de un nivel impresionante. Gobernando la DC se hicieron las leyes del aborto y del divorcio. Sabían que la sociedad y el feminismo las exigían y entendieron que no admitirlo dañaría su credibilidad política. Muchos eran verdaderamente laicos. Tenían más sentido de la medida y más respeto. Hoy estamos en el turismo para poder nacer y para poder morir, la gente reserva sitio en los hospitales suizos para poder morir con dignidad. ¿Es posible que un Estado democrático obligue a sus ciudadanos a pedir asilo político para morir? El derecho debe gobernar esos conflictos, no alentarlos.

P. Rosa Luxemburgo decía que detrás de cada dogma había un negocio que cuidar.

R. Desde luego, imagino que la sanidad privada influye en las posiciones del Vaticano. Desde el Concilio todo ha ido a peor, y hoy Italia está gobernada por movimientos como Comunión y Liberación, que hacen negocios fabulosos con la ayuda y la anuencia del Gobierno. La mala política siempre es hija de la mala cultura. La degradación cultural es la clave del problema. Espero que el régimen político de Berlusconi acabe lo antes posible, pero recuperarnos de este desierto cultural llevará décadas. El uso de la televisión, no solo partidista, sino sobre todo embrutecedor; la degeneración del lenguaje... Todo ha ido a menos. La degradación ha ido mucho más allá del perímetro del centro derecha, y vemos en todas partes actitudes especulares a la de Berlusconi.

P. Algunos están poniendo en discusión incluso los derechos sindicales.

R. El pensamiento jurídico se ha empobrecido mucho. En los años setenta hicimos una reforma radical del derecho de familia porque la cultura de los juristas y su sentido democrático lo permitieron. Se cerraron los manicomios, se hizo el Estatuto de los Trabajadores... Hoy todo eso sería impensable.

P. La izquierda permanece impasible... ¿Por qué?

R. La recuperación de la cultura es la primera premisa para recuperar la política de izquierda. Todos dicen que debe mirar al centro, yo creo que se debe empezar por recuperar la izquierda. Craxi destruyó la socialdemocracia, el PCI se suicidó, y ese cataclismo dura todavía. Hemos perdido la primacía de la libertad, y hoy manda el uso personalista y autoritario de las instituciones. La sociedad se ha descompuesto, el país se está deshaciendo. La política hace ostentación de fuerza, y el derecho se hace migajas.

P. ¿Europa nos salvará?

R. No parece que Europa viva un momento espléndido. Crecen la xenofobia y el racismo, y la debilidad cultural de Italia se expande por el continente. Trono y altar se han aliado otra vez, ahora de manera distinta. Hoy asistimos a la fusión entre el mercado, la fe y la política, que tratan de organizarnos la vida manipulando el derecho. En Italia, la corrupción no es que no sea perseguida, es que está protegida por la ley, como en el escándalo de la Protección Civil: se derogaron la transparencia y los controles ordinarios para poder robar mejor. En los años setenta las comisiones eran de risa, y en todo caso había una compostura, un respeto por la colectividad. Craxi fue devastador, un cambio de época. Ahora, la máxima es: "Si lo hace Berlusconi, ¿por qué no voy a hacerlo yo?".

sábado, diciembre 11, 2010

LOS PORTEÑOS DESCIENDEN DE.....LOS BARCOS

Alejandro Grimson: Macri, xenofobia después de Menem

Las declaraciones de Mauricio Marci y de su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, acerca de la situación del Parque Indoamericano y la culpabilización a los inmigrantes de países limítrofes nos retrotrae a debates de los años noventa o a las políticas de la dictadura militar que parecían superadas. Desde Menem y antes Videla, ningún funcionario de tan alto rango hizo una declaración tan cargada de xenofobia. La dictadura impuso una nueva ley de migraciones, que acompañó con políticas xenófobas que perseguían a la población de Bolivia, Paraguay y otros países latinoamericanos. Desde 1983, con el nuevo período democrático, no hubo declaraciones ni acciones políticas gubernamentales que atacaran a los inmigrantes, excepto durante el gobierno de Carlos Menem. El propio Menem, el gobernador Duhalde, el canciller Di Tella, el jefe de Migraciones, el jefe de policía, en diferentes circunstancias, realizaron declaraciones xenófobas que los investigadores argentinos coleccionamos y analizamos durante quince años.

Esas declaraciones afirmaban que los problemas sociales y de inseguridad eran producto de una “nueva ola migratoria” desde Bolivia, Perú y Paraguay. Analizando los censos desde 1869 hasta el de octubre de 2001 inclusive, demostramos que esa “nueva” inmigración nunca existió. El porcentaje de migrantes limítrofes en el país se mantuvo todo este período en alrededor del tres por ciento. Lo que hubo fue una utilización de los migrantes como chivo expiatorio de las consecuencias dramáticas de las políticas neoliberales. Puesto que, según rezaba la dirigencia neoliberal, ingresábamos al primer mundo, la Argentina tenía que tener sus turcos como Alemania, sus mexicanos como Estados Unidos.

Demostramos, además, que los argentinos tienden a ver muchos más bolivianos de los que hay en la realidad. Primero, porque cuando estaban en zonas fronterizas, los porteños y los medios porteños no los veían “en la Argentina”. Pero además porque consideran como extranjeros a los hijos argentinos de los bolivianos, también a los jujeños y, finalmente, a todos los que tengan alguna ascendencia indígena. Esto se debe a que la exclusión social, la desciudadanización neoliberal tendieron a extranjerizar a los pobres en general. Produciendo una gran paradoja: los descendientes de los pueblos que vivían en América antes de la llegada de los colonizadores son considerados por los más poderosos descendientes de los europeos como inmigrantes.

Frente a la crisis en que iba ingresando el país en 2000 y 2001, el discurso xenófobo iba perdiendo credibilidad. ¿Quién podía creerse que en vez de la convertibilidad y el remate del país los problemas venían de los bolivianos? Ni De la Rúa ni Duhalde en su presidencia realizaron declaraciones xenófobas.

En 2003-2004 el Congreso Nacional votó una nueva ley de migraciones que reemplazó a la Ley Videla. Es una ley democrática, que garantiza todos los derechos fundamentales a todos los habitantes del país y no sólo a todos los argentinos. Miles y miles de niños con problemas de documentación ingresaron al sistema de educación pública por esa razón, del mismo modo en que todos deben ser atendidos en los hospitales públicos sin importar su nacionalidad. Desde universidades de Estados Unidos vienen a estudiar hoy cómo pudo la Argentina tener una ley tan avanzada y democrática, que sería inviable políticamente en Estados Unidos.

Desde 2003 ningún presidente, pero tampoco ningún funcionario de alto rango, ni del oficialismo ni de la oposición, realizó una declaración como la de Macri, diciendo que hay “descontrol del avance de la inmigración ilegal”. Además, Macri afirmó que hay una “política descontrolada”, seguramente en alusión al plan de legalización más abarcativo que se recuerde, llamado “Patria Grande”. Por su parte, Rodríguez Larreta dijo que en la Argentina hay “una ley muy permisiva respecto de la migración: viene la gente y al poco tiempo de estar en la Argentina pide una vivienda, usurpa, después viene el juez que obliga al Estado a dar una vivienda”. Agregó que “es una lógica perversa”, “que lo único que hace es promover que venga más gente de los países limítrofes para usurpar terrenos y pedir viviendas. Tenemos que cortar eso”, agregó.

Lo que tenemos que cortar, de raíz, es la xenofobia de Macri y de Rodríguez Larreta. No hubo nada parecido en casi tres décadas democráticas, salvo Menem. Pretenden colocar a los inmigrantes causando un problema que sólo han provocado sus propias políticas o, mejor dicho, la inexistencia de las políticas de vivienda en la Ciudad. Y no sólo de vivienda. De paso, actúan igual que la derecha conservadora en todos los países del primer mundo. Están a tono.

Cuidado: van contra los que vienen desde países latinoamericanos como si no hubiera habido italianos y españoles, más de un Rodríguez, en las huelgas de inquilinos de principios del siglo XX en Buenos Aires. Pero también van contra nuestras leyes y contra nuestra Constitución. Mientras hablan de “hacer cumplir la ley” dicen que nuestra ley es errónea, demasiado democrática. La refundación de la xenofobia sólo puede hacerse sobre la falsificación de los datos sobre inmigración.