¿HÉROE O VILLANO?

¿HÉROE O VILLANO?

domingo, agosto 27, 2017

Cádiz, al sol de septiembre

De Sancti Petri a Chiclana, pasando por La Barrosa y las marismas de la bahía gaditana. Ventas fuera de ruta para comer muy bien, bodegas, viveros y paseos en canoa. Mucho más que sol y playa


Chiringuito Vavá Playa, en La Barrosa (Cádiz). Ampliar foto
Chiringuito Vavá Playa, en La Barrosa (Cádiz).
En esta orilla de la costa sur de Cádiz, que va desde el antiguo poblado pesquero de Sancti Petri y hoy puerto deportivo, pasando por el entorno de la playa de La Barrosa hasta Chiclana de la Frontera (a cuyo municipio pertenece todo), se ha creado un gran centro de turismo de amplio espectro. Una zona urbana y popular alrededor de las Tres Pistas —las entradas históricas a la playa—, con el paseo marítimo, urbanizaciones y villas que configuran lo más parecido a un núcleo urbano en mitad de la playa, donde la rotonda de la venta El Pino (con sus míticos desayunos con churros: los churros por estos lares son cosa seria) hace la función de plaza del pueblo. Y una segunda zona que se prolonga hasta la torre del Puerco y el final de La Barrosa ya en el umbral de Conil —el Novo Sancti Petri—, con un trazado que, gracias a la Ley de Costas de 1988, está pensado para preservar lo mejor de esta naturaleza y con urbanizaciones para atraer a un turismo al que no le falta de nada: un enorme campo de golf diseñado por Severiano Ballesteros, avenidas con palmeras que parecen California, un centro comercial, chiringuitos y hoteles de cinco estrellas con lobbies para el copeteo. Este complejo supuso a partir de la década de los noventa el gran impulso turístico de esta zona de la bahía de Cádiz dominada por los siete kilómetros de una playa que lo tiene todo: arenales, dunas y un entorno de marismas.
Excursión en Kayak por las marismas de la bahía de Cádiz. ampliar foto
Excursión en Kayak por las marismas de la bahía de Cádiz.

1. Islotes, castillos y pescado fresco

El principio fue el poblado de Sancti Petri. Este reducto, que milagrosamente se ha salvado de la especulación y sobre el que pende un Plan Especial del Ayuntamiento de Chiclana, lleva siglos aquí. Sus cuatro casas de pescadores, antiguos almacenes de salazones y hasta capilla, impregnado todo con un toque fantasmal, es un buen sitio para empezar y acabar el día con sus famosos atardeceres rojos. Allá donde se mire guarda una sorpresa: las vistas al islote con su castillo, las marismas, San Fernando y a otra playa, Sancti Petri, valga la redundancia, separada por un pequeño acantilado de La Barrosa. Ahora, en lo que fue una de las almadrabas más importantes de Andalucía, está el puerto deportivo, donde se enseña surf, vela y se alquilan embarcaciones privadas para darse un garbeo o pescar; muy recomendable es la opción de alquilar una canoa en el centro de turismo náutico Sancti Petri Kayak (no se requiere ninguna habilidad especial y es válido para cualquier edad) y recorrer el caño y las marismas aledañas; conviene, eso sí, pedir antes información sobre las mareas y las corrientes. Para comer pescado bien fresco o tomar algo desde la terraza con vistas al Caño, dos restaurantes: Club Náutico (Calleja, 1), que pese al nombre no es nada lujoso, y al lado, el de la asociación de pescadores Caño Chanarro.
Restaurante Caño Chanarro. ampliar foto
Restaurante Caño Chanarro.
No muy lejos, siguiendo por la carretera de La Barrosa (CA-2134), a la altura de la urbanización Las Mogarizas, está el parque natural Bahía de Cádiz con las salinas de Carboneros. Entrar aquí es perderse por un paisaje muy poco transitado de pinos, senderos y marismas que sirven de refugio a numerosas especies del reino animal y vegetal. Casi enfrente, el restaurante Popeye (camino Carrajolilla, 1), que bien vale una parada y disfrutar de las vistas a las marismas con un aliño chiclanero y unos langostinos locales. Y de aquí, dirigirnos hacia La Barrosa. Playa con su inmensidad y buenos sitios para recalar: en el paseo marítimo, a la altura de la Pista 2, restaurante Zurga, con unas sardinas sin competencia; y más adelante, en la carretera paralela a la playa, a la altura de la calle de Róbalo, restaurante Manguita (ojo que hay otros dos, uno en Chiclana pueblo y otro en el Novo), visita obligada, un clásico chiclanero en el que todo está delicioso a precios razonables. Cómo no, también están los chiringuitos: en el Novo Sancti Petri, Vavá Playa, enfrente del hotel Vincit; Mojama Beach, a la altura de la calle del Rape, y Atenas, ya casi al final de La Barrosa y fin de un largo paseo por el borde del mar para quedarse como nuevo.
La playa y las dunas cercanas al poblado de Sancti Petri, en la costa de Cádiz. ampliar foto
La playa y las dunas cercanas al poblado de Sancti Petri, en la costa de Cádiz.

2. Catálogo de ventas

Chiclana es (o era, ahora en su mayoría ha sido sustituido por rotondas y chalets) tierra de campo, así que las ventas —humildes establecimientos de abastecimiento básico— son parte de la cultura local. Las hay en abundancia, pero aquí citaremos algunas de las auténticas, esas que suponen una buena inmersión en la Chiclana profunda —turismo antropológico, vaya— y una alternativa al establecimiento playero clásico. Son ideales para un desayuno contundente o para degustar un vino acompañado de especialidades típicas. Muchas han evolucionado paralelas al desarrollo urbanístico, y donde antes había apenas un chamizo perdido entre carriles de tierra, hoy se alza un local de obra decentemente acondicionado y rodeado de pavimento.
Cádiz, al sol de septiembre
Es el caso de la Venta El Cotín (camino del Sotillo, 52), que a primera hora de la mañana bulle de gente — lo mismo en ropa de faena que con atuendo playero— que se afana en untar sobre una variada oferta de panes (mollete, Viena, telera, moreno) tostados los más diversos productos: mantequilla, margarina, paté, sobrasada, zurrapa de lomo y la mítica manteca colorá, con o sin asiento (restos derivados de la fritura especiada del cerdo); una cucharada de esta anaranjada delicia bastaría para satisfacer las necesidades de un regimiento. Aquí el café, como en toda la provincia, se sirve fuerte y a temperatura magma o superior. Para la hora del fino o la omnipresente Cruzcampo destacan la ensaladilla rusa y la carne al toro.
Los desayunos de Venta El Cotín son famosos por sus molletes, por ejemplo, con manteca ‘colorá’
En el núcleo urbano chiclanero, en lo que antes eran las afueras, se encuentra la Venta La Capilla (La Vid, 6), muy recomendable por su patio interior y por la calidad de lo que sirven (ojo a las coquinas a la marinera y a la morena frita adobada) a unos precios que para el habitante de la gran ciudad resultan sorprendentes. Y en una de las áreas más camperas del pueblo destaca la Venta Florentina (Pago del Humo, 5), especializada en guisos marineros, arroces de campo (pollo, conejo) y embutidos ibéricos.
Al borde de la antigua carretera general tenemos la Venta Espadita (Los Cantaros, s/n), perteneciente a la modalidad de ventas de paso (que en su génesis despachaban cerca de las paradas de coches), a la que conviene ir, bien por la mañana (sus rebanadas de pan de campo son gloriosas), bien por la noche (para degustar a la fresca en la gran terraza algún pescado asado acompañado de piriñaca, el preceptivo picadillo aliñado de la zona).
Comedor de Venta Melchor, en Chiclana de la Frontera. ampliar foto
Comedor de Venta Melchor, en Chiclana de la Frontera.

3. Los secretos de ‘El Colorao’

A unos 12 kilómetros de Chiclana — término municipal de Conil—, junto a las calas de Roche, está la pedanía de El Colorado (vulgo, El Colorao), una suerte de poblado del Oeste moderno (dos hileras de casas bajas flanqueando una avenida principal, en este caso la antigua carretera general Cádiz-Algeciras) en el que, en términos gastronómicos, un nombre destaca: Venta Melchor. Se fundó en 1960 como venta canónica (de las de alivio básico para viajeros y gente de campo y con un almacén en el que se despachaban hasta piensos) y hoy es una de las glorias culinarias de la zona (y a diferencia de otros reputados establecimientos de la provincia, como El Campero, en Barbate, o el Ventorrillo El Chato, en Cádiz, aún se le puede colgar la etiqueta de “secreto mejor guardado”). Trabajan con productos locales de temporada de primera calidad (la huerta de Conil es celebrada en toda la comarca) para elaborar una carta cambiante que incluye algún guiño moderno, pero en la que destacan los platos de cuchara de toda la vida (guisos marineros, potajes, berzas…), los arroces y el atún (su paté de morrillo se ha llevado varios premios).
Planes sin salir de El Colorao: en la carnicería El Negro Palillo elaboran una de las mejores morcillas del orbe; para los veraneantes tempraneros, a primeros de junio se celebra la animada feria local; y para los amantes de los cachivaches, las gangas y el regateo, un estupendo mercadillo dominical.
Vivero Reyes, en Conil de la Frontera (Cádiz).
Vivero Reyes, en Conil de la Frontera (Cádiz).

4. Viveros para huir del mundo

Por la razón que sea (unos dicen que por la demanda cuando se empezaron a construir las urbanizaciones, otros porque aquí siempre ha habido venta ambulante de plantas), en no más de 20 kilómetros, desde Chiclana pueblo hasta Conil, hay una curiosa concentración de viveros que cuando uno entra ahí se cree que está en una selva. Y según a qué horas, por la mañana pronto o después de comer hasta media tarde cuando no hay casi nadie, son como remansos para escapar hasta de uno mismo. Viveros Chaves, en Chiclana pueblo (avenida de la Diputación, 47), lo montó Juan Chaves hace más de 30 años. Su madre, con puesto de verduras en el mercado, empezó a llevar alguna flor. La idea prosperó y el hijo ya tiene otro, Viveros Infraplant (cruce de las carreteras Fuente Amarga con La Rana Verde). La variedad de plantas es tanta que lanza una aproximación: ¿3.000-4.000? Las más solicitadas son buganvillas, hibisco y dama de noche. Este mismo cruce lleva a la carretera Cádiz-Málaga y en el kilómetro 17,4 está Viveros San Fiacre (barrio El Colorado), y un poco más adelante, Viveros Reyes (kilómetro 19,3), el decano que lleva aquí más de 40 años. Pinos, olivos, plataneras… se mezclan con grandes superficies repletas de cerámica de todo tipo, maceteros, tinas… de tantos estilos (desde lo más barroco hasta el minimalismo) que es difícil encontrar algo parecido. Incluso, hay vestigios de artesanía local que merece ser salvada. Objetos de mimbre o paja, que según cuenta Juan Reyes, hijo del fundador del vivero, son del maestro artesano Antonio López, de Chiclana (cuna también de cesteros). Apenas a unos metros, Viveros El Tejar (kilómetro 19,8), que empezó siendo una alfarería y de ahí que también junto con las plantas se mezclen objetos de cerámica de todo tipo. Aquí, su mejor momento es con la caída del sol, porque a diferencia de otros viveros que están en parte cubiertos por una red que los protege del viento de Levante, que suele pegar fuerte cuando pega, todo está al aire libre.
El bar de la Peña Emilio Oliva, en Chiclana de la Frontera (Cádiz). ampliar foto
El bar de la Peña Emilio Oliva, en Chiclana de la Frontera (Cádiz).

5. Tapeo exprés por Chiclana y sus bodegas

Aquí no hay playa. Chiclana, que más que un pueblo es una ciudad de 82.000 habitantes, es el centro de operaciones de la zona y un cambio de aires muy aconsejable si se echa en falta el asfalto. En la céntrica calle de La Vega (una de las más animadas por la mañana, y peatonal) hay que parar sí o sí en la Peña Emilio Oliva (número 16): prodigiosa la cantidad de tapas ricas que hace el jefe sin cocina, apañándoselas con una planchita diminuta. Dos imprescindibles son el montadito de filete y las papas aliñás (versión minimalista, pero certera). Muy cerca, Taberna el 22 (Alameda del Río, 17), con su ensaladilla picante que ha hecho las delicias de varias generaciones (y en Chiclana, ojo, la ensaladilla rusa es una religión y un arte).
El mercado de abastos es otra gloria chiclanera que merece la pena por ambiente y calidad del género. Y por el puesto de las especias que lleva ahí desde 1964. Su última aportación gastronómica es un molido de Tío Pepe que sustituye al vino para un guiso de altura. También hay cantina, Santa Mónica (El Walla para enterados), con tapas del mismo pescado que venden en los puestos fritos con arte centenario.
Bodega Miguel Guerra, en Chiclana de la Frontera (Cádiz). ampliar foto
Bodega Miguel Guerra, en Chiclana de la Frontera (Cádiz).
A tiro de piedra están las Bodegas San Sebastián (Mendaro, 15) y Miguel Guerra (Mendaro, 16), de los pocos vestigios que quedan de las decenas que había en el pueblo y que lo hicieron famoso. Vino de Chiclana, poca broma. Lugares para alucinar donde sirven en su punto ora fino, ora oloroso con embutidos ricos como la butifarra local. En la esquina, Casa Adolfo (plaza del Retortillo, 3), donde solían juntarse las élites locales (y las élites no dan puntada sin hilo) con un jamón que obnubila.
Un poco más alejadas de este circuito céntrico, otras dos bodegas ilustres: cruzando el río, Bodega Sanatorio (Del Olivo, 1), con un patio emparrado auténtico, y la Bodega La Cooperativa (polígono industrial El Torno), muy popular entre los nativos, con una carta extensa de especialidades locales (chicharrones, salazones atuneras, quesos como el Payoyo…) a precios más que asequibles; con suerte, está el señor que vende cartuchitos de camarones.
aftersun27-8-cast

TODA ESPAÑA SE AVERGUENZA DEL REY CAGON

Peridis

HITLER Y PERON,UN SOLO CORAZON

Clarita y sus 800 nazis

Almudena Grandes ahonda en la red Stauffer que ayudó a criminales de guerra en ‘Los pacientes del doctor García’, una desbordante novela donde interactúan historia y ficción

.
Clara Stauffer posa con un trofeo de natación.
Clara Stauffer posa con un trofeo de natación. EL PAÍS
Clara Stauffer parece una mentira. Y no lo es. Con dinero, con energía, con contactos, con ideología, con dobleces (española y alemana; nazi y falangista; deportista competitiva y propagandista de la opresión de la Sección Femenina; dadivosa con los suyos e implacable con el resto de la humanidad), dirigió desde su piso madrileño una red clandestina, que ayudó a 800 criminales de guerra a burlar la justicia internacional a partir de 1945. Un ardor justiciero, que fue aminorándose conforme se calentaba la Guerra Fría y se enfriaba la Segunda Guerra Mundial, y que llegó a salpicar a la propia Clara, a veces Clarita. Ella fue la única mujer que figuró en la Lista de los 104 reclamados en 1947 por el Consejo de Control Aliado al ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín-Artajo. Ni uno solo, tampoco Clara, hija del director de la cervecera Mahou e íntima amiga y correligionaria de Pilar Primo de Rivera, fueron entregados por el régimen de Franco, que protegió a lo más granado de la industria del exterminio que desató el Tercer Reich, desde el croata Ante Pavelic al belga León Degrelle.
Todos ellos desfilan por Los pacientes del doctor García (Tusquets), la nueva novela de Almudena Grandes (Madrid, 1960), que se publicará el próximo 12 de septiembre y que constituye la cuarta entrega de los Episodios de una Guerra Interminable, la serie que arrancó en 2010 con una factura similar, con capítulos históricos intercalados entre los de ficción, con personajes y acontecimientos tan desconocidos como asombrosos. Sirva de ejemplo Johannes Bernhardt, el empresario que viaja hasta Bayreuth el 25 de julio de 1936 para entregar a Hitler la carta en la que Franco reclama músculo bélico. Al día siguiente, el Führer ordena que se envíen a España 20 Junkers, que transportarán 15.000 soldados de Marruecos a Sevilla. A Franco le cambia la vida, a Bernhardt también.
Franco fue generoso con los amigos de sus amigos. Al genocida Ante Pavelic, fundador del movimiento fascista ustacha y dictador títere del Tercer Reich en Croacia, le proporcionó un país donde vivir y morir sin ser molestado por fiscales agresivos (Pavelic está enterrado en el cementerio madrileño de San Isidro). A la actriz Maria Petacci, de nombre artístico Miriam di San Servolo, le facilitó una estancia cómoda en Madrid y el acceso a las películas de Cifesa cuando las cosas se pusieron feas en Roma para todo lo que olía a Mussolini, que acabaría colgado boca abajoen una gasolinera de Milán junto a su amante Clara Petacci, hermana de la actriz.
Hitler felicita al belga León Degrelle tras condecorarle en 1944 con la Cruz de Caballero con Hojas de Roble.
Hitler felicita al belga León Degrelle tras condecorarle en 1944 con la Cruz de Caballero con Hojas de Roble. ullstein - ullstein bild
A León Degrelle, fundador del movimiento fascista belga Rex y oficial de las SS, le dio dinero —vía adjudicaciones de obra pública a su empresa— y tanta seguridad que a menudo ni se molestaba en camuflarse bajo la identidad facilitada por el franquismo para cubrirle ante las peticiones de extradición de Bélgica. Degrelle, condecorado por Hitler con cruces y palabras (le elogió como el hijo que le habría gustado tener), aterrizó de urgencia en 1945 en aguas de la Concha en el avión de Albert Speer, ministro y arquitecto del Tercer Reich.
Se podría opinar que la novela es un ajuste de cuentas con la historiadora que no fue, pero Almudena Grandes voltea el argumento: “Esta serie me ha devuelto al proyecto de historiadora que fui. La que ha ajustado cuentas es la historia conmigo. Un montón de años después me ha demostrado hasta qué punto es importante lo que estudié. Probablemente yo no la habría escrito igual si no fuera historiadora”. Por esta obra de ambición galdosiana van y vienen 207 personajes, incluidas 45 criaturas que en su día fueron de carne y hueso. La cadena de acontecimientos, que discurren en escenarios de nueve países (del campo nazi de Klooga en Estonia a un despacho demócrata del Capitolio), arranca en 1936, mientras Hitler escucha a Wagner en Bayreauth, y colea hasta 1976, cuando tres militares toman el poder en Buenos Aires. De golpe a golpe. Entre ambos, personajes que se mueven por la retaguardia, las trincheras y los rescoldos de la matanza que pespuntean Europa durante la primera mitad del siglo XX.

“Galdós nos enseña a contar la historia desde abajo”

La saga literaria de Almudena Grandes mira bajo la alfombra de la guerra y la dictadura para rescatar héroes minúsculos, malos de buen corazón, hazañas anónimas, vidas perras, incluso emociones clandestinas en personajes sobreexpuestos como Dolores Ibárruri, cuya pasión por Francisco Antón, escondida por el PCE para proteger la imagen icónica de Pasionaria, se narra en Inés y la alegría (2010, 13 ediciones). Entonces la novelista revivió un episodio apenas conocido y asombroso: la invasión del valle de Arán en 1944 para tumbar a Franco. En El lector de Julio Verne (2012, nueve ediciones) rescata la lucha de los maquis de la Sierra Sur de Jaén durante un trienio de plomo. Y en Las tres bodas de Manolita (2014, ocho ediciones) se sumerge en el Madrid de estómagos vacíos y cárceles llenas de la posguerra, además de destapar la siniestra explotación laboral de menores, hijos de rojos, por órdenes religiosas como los Ángeles Custodios. Un camino narrativo que tiene un maestro. “Galdós”, sostiene la escritora, “nos enseña a contar la historia desde abajo, desde la gente corriente”.
El fresco histórico arropa una trama de espionaje orquestada desde Inglaterra por el presidente Juan Negrín y el embajador Pablo Azcárate, que pretenden devolver por vía diplomática la democracia que se perdió por las armas. Desenmascarar la complicidad de la dictadura con prófugos del nazismo, refugiados en España o Argentina, se convierte en su última esperanza para lograr un cambio político. Será la misión de dos espías de ficción, el médico Guillermo García Medina y el diplomático Manuel Arroyo Benítez, a quienes la escritora zarandea con sucesivas identidades y a quienes regala noches de dicha.
“Para escribir una novela así hay que llegar un equilibrio perfecto entre la libertad creativa y la lealtad a la verdad histórica”, reflexiona Almudena Grandes por teléfono desde Rota (Cádiz), donde apura los últimos días de vacaciones antes de sumergirse en la promoción de una novela costosa. La que más. Cuatro años ha necesitado para sacar adelante este proyecto, que también le ha proporcionado pequeños placeres (introducir un español mexicano) y alguna que otra preocupación. “No puedo traicionar a los personajes reales. Tengo que poner en su cabeza y en su boca cosas que ellos habrían podido decir si se encontraran en esa situación. Como ya tengo confianza, me voy embalando y ya tengo a Negrín y Azcárate de personajes, pero procuro estar segura de que si ellos leyeran la novela, no se extrañarían. Esa es mi barrera”.
Parapetada tras horas de documentación, Grandes recurre a historiadores —como Enrique Moradiellos, biógrafo de Negrín— cuando algo la inquieta. “Para mí es más importante que para otros. En este momento me he convertido en una escritora antisistema. No lo parezco porque no llevo rastas pero en la medida en que mi relato no contribuye a afianzar la versión de la equidistancia, soy consciente de que mantengo una versión disidente en el contexto de la literatura contemporánea”.
El médico canadiense Norman Bethune, ante la unidad móvil de transfusión de sangre que usó en la Guerra Civil.
El médico canadiense Norman Bethune, ante la unidad móvil de transfusión de sangre que usó en la Guerra Civil. EL PAÍS
En esa visión disidente se encuadra una activa defensa de los valores de la Segunda República y una reivindicación de aquellos secundarios de la historia que lucharon por ellos. Con armas, letras o bisturíes. Como Norman Bethune, el médico canadiense que movilizó fondos hasta lograr trasladar un equipo a España que salvó vidas de milicianos en el frente de Madrid y de civiles en la carretera de Málaga a Almería. Por más que se le racanee, Bethune tiene un lugar en la historia. Su método para conservar la sangre permitió por vez primera realizar transfusiones sin necesidad de que receptor y donante estuviesen juntos.
El segundo homenaje de la escritora se dirige a los estudiantes que se movilizan en Madrid con más idealismo que eficacia para tratar de hundir al régimen al mismo tiempo que la ONU. “Los tenía que meter en alguna novela”, señala Grandes, que se conmovió con la lectura de El fin de la esperanza, testimonio publicado en 1949 en Les Temps Modernes, la revista de Sartre y Beauvoir, con un seudónimo que ocultaba la identidad de Marcelo Saporta, uno de aquellos jóvenes, que en enero de 1946 escribió en Madrid: “Un puñado continúa luchando. Caen todos los días. Daos prisa o llegareis demasiado tarde, cuando hayamos caído todos, uno después de otro, sin esperanza”.

CONTRA EL REY Y RAJOY.....MUCHA REPUBLICA Y LA INDEPENDENCIA,EN LA CAPITAL CULTURAL Y ECONOMICA

Grito ciudadano en Barcelona contra el terrorismo y las políticas belicistas

Medio millón de personas llenan el centro de Barcelona bajo el lema "No tengo miedo", pancartas contra las políticas que promueven la violencia y banderas 'esteladas'. El rey y el gobierno español han sido recibidos con abucheos.

Un momento de la manifestación contra los atentados terroristas en Catalunya. EFE/Alberto Estevez
"Los que hoy estamos aquí hemos venido para gritar bien fuerte, como una sola voz: 'No tengo miedo". Así se ha expresado la actriz Rosa Maria Sardà, que ha protagonizado el acto final de la manifestación de condena de los atentados yihadistas de La Rambla y Cambrils. Así se ha expresado Sardà en la Plaza de Cataluña, acompañada de la portavoz de la asociación Ibn Battuta, Míriam Hatibi. Un acto austero, brevísimo -en catalán y castellano- en que no ha intervenido ningún político, y en el que se han condenado unos "crímenes que sólo persiguen provocar el terror a través de la muerte y la devastación, para intentar romper nuestro modelo de convivencia ".
"Ninguna expresión de racismo ni de xenofobia tienen cabida en nuestra sociedad"
"No vamos a consentir que nos humille ni nos venza el terrorismo, porque cuando ellos golpean, en lugar de dividirnos nos encuentran más unidos que nunca en la defensa insobornable de la libertad y la democracia, desde nuestra diversidad de culturas y creencias" , ha afirmado Sardà, en nombre de los organizadores. "Somos muchos millones de personas los que rechazamos la violencia y defendemos la convivencia", ha señalado, entre los aplausos del público -que todavía ha aplaudido más cuando se ha alabado el papel de los cuerpos de seguridad tras los atentados. Además de conjurar el peligro de una reacción intolerante ante el terrorismo yihadista, cuando ha dicho que "ni la islamofobia, ni el antisemitismo ni ninguna expresión de racismo ni de xenofobia tienen cabida en nuestra sociedad".
Barcelona no tiene miedo. Lo han querido dejar claro este sábado medio millón de manifestantes que han llenado el centro de la ciudad, en una gran manifestación convocada por el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat para condenar los atentados yihadistas de la semana pasada que costaron la vida a 15 personas y dejaron más de un centenar de heridos, de los que 27 permanecen aún en diferentes hospitales catalanes. Una manifestación en la que no han faltado ni la polémica ni los silbidos, especialmente dirigidos al rey Felipe VI.
La marcha, con un carácter a la vez institucional y ciudadano, ha contado con una masiva presencia de autoridades y representantes políticos, con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, la alcaldesa de Barcelona, ​​Ada Colau, el presidente del gobierno central, Mariano Rajoy, y el rey Felipe VI, como grandes protagonistas. Pero en un calculado segundo término.
Carles Puigdemont y Ada Colau, y los demás miembros del Govern, junto a los 75 representantes de cuerpos de seguridad, emergencias y de entidades vecinales y ciudadanas que han encabezado la manifestación de Barcelona. EFE/Jordi Bedmar Pascual

Sin políticos en la cabecera

La manifestación ha estado encabezada por 75 representantes de diferentes cuerpos de seguridad y de emergencia -Mossos d'Esquadra, Guàrdia Urbana, Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, policías locales de Cambrils, Alcanar y Ripoll, Protección Civil y bomberos-, por miembros de entidades vecinales y de la comunidad musulmana, que han llevado una gran pancarta blanca con un único lema: "No tengo miedo". También han formado parte de esta cabecera personal sanitario de los ocho grandes hospitales catalanes, trabajadores de la limpieza, taxistas y comerciantes de La Rambla. Inmediatamente detrás, ha marchado una delegación de entidades que trabajan por la paz, los derechos humanos y contra el racismo, así como familiares de las víctimas. Y sólo después, los líderes políticos.
Varios sectores habían rechazado la posibilidad de que el monarca encabezara la manifestación
Esta solución salomónica se adoptó tras una cierta polémica por el lugar que debía ocupar Felipe VI -que confirmó su presencia hace sólo dos días-. Varios sectores, principalmente de la izquierda -y muy en particular, la CUP y Podem Catalunya-, habían rechazado la posibilidad de que el monarca encabezara la manifestación, aludiendo a los vínculos de la casa real española con la monarquía saudí, al que acusan de financiar el salafismo a nivel internacional. 
Dos horas antes de la marcha, además, unas 170 entidades han celebrado una concentración alternativa entre la Rambla de Catalunya y la calle Aragó, en protesta por la presencia de Felipe VI y de Rajoy en la manifestación. "Para mi solo ha habido una cabecera", han dicho Puigdemont y Colau. La alcaldesa ha añadido: "si fuera por nosotros, a las autoridades ni se nos hubiera visto".

Abucheos contra el rey y el gobierno central

Algunos de los manifestantes han portado pancartas contra el monarca, y su llegada y la de Rajoy ha sido recibida con una sonora pitada, que se ha ido repitiendo regularmente, alternando -o simultaneando- los gritos de "no tengo miedo". Estos silbidos contrastan con los aplausos unánimes que han recibido los cuerpos de seguridad.
Es la primera vez que un rey español participa en una manifestación. Felipe de Borbón, cuando era Príncipe de Asturias, ya había desfilado en la manifestación de condena contra el atentado yihadista del 11 de marzo de 2004 en un tren de cercanías de Madrid, y aquella fue la primera vez que se manifestaba un miembro de la familia real española.
Banderas y pancartas durante la manifestación contra el terrorismo. EFE/Alberto Estévez
Los días previos a la manifestación también han visto otras polémicas, con acusaciones cruzadas entre soberanistas y unionistas sobre la utilización política de los atentados, tanto a los medios como por parte de los gobiernos catalán y central. Y también ha habido rencillas por la presencia de banderas en la marcha, con Colau pidiendo que esta no fuera "en ningún caso, una manifestación de banderas", y con el vicepresidente del gobierno catalán, Oriol Junqueras, considerando "compatible" la marcha con las banderas. Una disputa que se ha extendido en las redes sociales, con más contundencia. Finalmente, la mayor parte de manifestantes ha optado por no llevar ninguna bandera, con la excepción de la parte inicial de la marcha abierta a los asistentes en general, donde sí se han visto numerosas 'esteladas' y algunas -muchas menos- banderas españolas.
Una gran pancarta que decía "Gracias Majestad, España contra el terrorismo", ha provocado tensión
Al final de Paseo de Gracia, muy cerca de Plaza de Catalunya, una gran pancarta que decía "Gracias Majestad, España contra el terrorismo", ha provocado tensión y decenas de Mossos d'Esquadra han rodeado al grupo que portaba la pancarta. Una gran cantidad de manifestantes les abucheaban "Vosotros, fascistas, sois los terroristas". Finalmente los agentes han hecho un pasillo de protección para que los que portadores de la pancarta pudieran salir de la concentración.
Polémicas aparte, la clase política catalana y española ha respondido unánimemente ante la convocatoria. Por parte del gobierno central, además de Rajoy, han estado presentes la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, y buena parte del consejo de ministros, con los titulares del Interior, Juan Ignacio Zoido, de Justicia, Rafael Català, de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, y de Defensa, María Dolores de Cospedal, entre otros. Por parte del Ejecutivo catalán, han acompañado Puigdemont el vicepresidente Oriol Junqueras y sus consellers, y por el Ayuntamiento han acompañado a Colau numerosos concejales. También han estado presentes todos los presidentes autonómicos, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y los presidentes del Congreso y del Senado. Igualmente han acudido el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, y los líderes de diferentes partidos de ámbito catalán y estatal.

Lleno aunque sin desbordar

La manifestación ha transcurrido a partir de las seis de la tarde a lo largo de todo el Paseo de Gracia de Barcelona, ​​desde los Jardinets de Gracia, donde tenía su teórico lugar de partida, hasta la Plaza Cataluña, al lado de donde se cometió el atentado de la Rambla. Previendo una respuesta masiva de los ciudadanos, la marcha se ha convertido más bien en una concentración: la cabecera se ha situado en la Gran Vía, a sólo tres calles de Plaza Cataluña, y el recorrido se ha hecho a velocidad extremadamente lenta, con paradas regulares. 
Se ha leído una loa de Federico García Lorca a La Rambla, "la calle más alegre del mundo"
En las horas previas, Colau había llamado a los barceloneses a "desbordar" las calles. A pesar de la fuerte afluencia a la manifestación, que llenaba el Paseo de Gracia media hora antes del inicio de la marcha, en ningún momento ha habido problemas para incorporarse a la marcha -excepto en los tramos más cercanos a la cabecera- , y se podía caminar con cierta comodidad por las calles adyacentes, incluyendo la parte exterior de la Plaza de Cataluña.
Terminados los breves parlamentos en Plaza Cataluña, se han leído dos textos de dos poetas. El primero, omnipresente estos días, una encendida loa de Federico García Lorca a La Rambla, "la calle más alegre del mundo". El segundo, un poema de Josep Maria de Sagarra en el que define el paseo barcelonés como "la sala de baile de Barcelona". Para acabar con otro clásico: la interpretación del Cant dels Ocells, a cargo de Peter Thiemann y Guillem Gracia. Una interpretación que se ha escuchado en un respetuoso silencio, roto nada más por los gritos de "No tengo miedo". Y por nuevos silbidos posteriores.
En el escenario, una decoración floral a cargo del Gremio de Floristas de Barcelona, ​​simbolizando un elemento tradicional y característico de La Rambla. Y los mismos floristas también han participado repartiendo gratuitamente 70.000 flores, "contra la violencia y el terrorismo". Sin ninguna intencionalidad política, en este caso.

Unidad pese a las diferencias

La manifestación se ha vivido bajo un ambiente de tensión que, al mismo tiempo, ha sido superado por una proclama conjunta de unidad contra los atentados. Ha habido abucheos en diferentes puntos del recorrido, especialmente al rey. A pesar de algunos momentos puntuales de tensión, el clamor mayoritario ha sido de repulsa a los atentados. Informa Guillem Amatller.
Jonás Corrons se ha desplazado hasta Paseo de Gracia, donde ha explicado sus motivos para salir a la calle. "Busco la paz. Estoy en contra de los terroristas que quieren imponer su doctrina de manera violenta ", ha dicho. "También lo hago en solidaridad con las víctimas". Enrique, otro manifestante, nos atiende con una bandera española rodeándole el cuello: "creo que hoy es un día para dejar de lado la ideología y, a pesar de que hay 'esteladas' y banderas de España, creo que de momento están conviviendo bastante bien ", ha dicho. Jordi Seguer, en la misma línea, ha quitado hierro a las diferentes banderas mostradas y ha defendido la libertad de expresión para exhibirlas: "que cada uno se exprese como quiera", ha dicho.
"Este es un acto cívico en reconocimiento a las víctimas. No debería haber banderas"
La presencia del rey era uno de los elementos más polémicos de la marcha. "No me parece bien que el actual jefe del Estado se haga fotos con dirigentes de Arabia Saudí. Al margen de otros debates, no me gusta su presencia por este motivo ", explica María Arias. Como ella opinan muchos de los que han asistido a la manifestación.
Alba Ruiz es miembro del Encuentro Europeo de Jóvenes por la Paz. Para ella "los hechos llevados a cabo por los terroristas yihadistas van en contra de la Paz, y los condenamos". Lluis Ros, presidente de la Plataforma de afectados por la Crisis, ha criticado que se centre el debate exclusivamente en los autores de los hechos: "es de vital importancia ir a las causas que provocan el terrorismo. No es un tema que se pueda solucionar sólo policialmente, sino que también hay que revisar lo que lo provoca ".
Hacia las 18:00 entre Gran Vía y Paseo de Gracia, un grupo de personas con banderas españolas ha increpado a otro sector que llevaba 'esteladas' bajo el grito "banderas no". Rafael ha visto la polémica de cerca. "Este es un acto cívico en reconocimiento a las víctimas. No debería haber banderas. Ni de las unas, ni de las otras. Si unos llevan las suyas, los demás también las llevarán. Solución: banderas no ". La escena ha vivido su momento máximo de tensión cuando los portadores de 'esteladas' se han encarado con manifestantes que les gritaban. Después de un intercambio de opiniones, el conflicto se ha dado por zanjado.
La jornada ha estado marcada también por un fuerte dispositivo policial y por el difícil acceso a puntos clave de la comitiva. El desplazamiento dentro de la manifestación ha sido fluido y no se han tenido que lamentar incidentes. La salida de Barcelona se ha visto marcada por ciertas aglomeraciones en puntos clave, por lo que Rodalies de Catalunya ha recomendado marchar escalonadamente, aunque poco a poco se ha ido recuperará la normalidad también en el transporte público.

Concentración en Ripoll

A la misma hora que comenzaba la manifestación en Barcelona, ​​se celebraba en la ciudad de Ripoll otra concentración en favor de la convivencia. Ripoll ha sido, como se sabe, la localidad en la que residían la mayor parte de los miembros de la célula yihadista responsable de los atentados de Barcelona y Cambrils.
Los concentrados en Ripoll este sábado han afirmado que tienen "su corazón y su pensamiento" con las víctimas de los atentados, y han enfatizado la necesidad de apoyar la educación multicultural.
La hermana de uno de los presuntos terroristas detenidos se ha dirigido a los concentrados con palabras de agradecimiento por su presencia en el acto de solidaridad con las víctimas y de rechazo a la xenofobia. En su discurso emocionado ha explicado la necesidad de hacer autocrítica todos juntos para evitar que otros jóvenes abracen ideologías extremistas "que nada tienen que ver con el Islam".

sábado, agosto 26, 2017

SU ABUELO LO HUBIERA ASESINADO Y EL LO CITA....CANALLESCO

EL PARTIDO DE MACRI ADEMAS DE ROBAR,DERROCHA LA GUITA DEL PUEBLO


Dolores, el pueblo argentino que pagó 300 mil dólares para que Luis Fonsi cante ‘Despacito’

La ciudad invierte hasta el 7% de su presupuesto anual para

Luis Fonsi
Luis Fonsi sobre el escenario del estadio municipal de Dolores, Argentina. Instagram

 Dolores cumplió 200 años y decidió tirar la puerta por la ventana. No era para menos. Dolores es una ciudad orgullosa de su pasado porque se considera “el primer pueblo patrio”. En 1817, cuando fue fundado a 200 kilómetros de Buenos Aires, Argentina llevaba un año como país independiente. Eran tiempo difíciles: los indios arrasaron el pueblo cinco años después. Hasta que en 1827 los criollos volvieron y se quedaron allí para siempre. El actual intentende, Camilo Etchevarren, quiso entonces recordar con toda la pompa el bicentenario. Pensó cuál era el músico del momento y decidió contratar para el cierre de las celebraciones a Luis Fonsi. El puertorriqueño viajó a Dolores el 21 de agosto y cantó Despacito, para felicidad de todos los presentes. El problema fue la cuenta. La oposición al intendente denunció que el municipio tuvo que pagar 300 mil dólares al cantante, como parte de una fiesta cuyos gastos finales ascendieron hasta 1,7 millones de dólares, según los cálculos de los partidos rivales a Etchevarren.
La suma pareció elevada a los concejales opositores porque representó casi el 7% de los 17,6 millones de presupuesto anual que maneja el municipio, que tiene poco más de 30.000 habitantes. La financiación de la fiesta terminó por enfrentar al intendente, del oficialista Cambiemos, con el peronismo local. “Si esas cifras son reales quiero ver los contratos que existen para que se certifique que esto es así. No le queremos poner precio al artista, cada uno sabe cuánto vale su trabajo. A mí no me interesa eso, me interesa cómo se gasta la plata de los dolorenses. Su arte no está comprometido, sino la gestión del intendente”, dijo el concejal del Frente Renovador, Ricardo Ghiglione, al diario Letra P.
Fonsi subió un par de fotos de su recital en Dolores a su cuenta en Instagram, donde lo siguen 4,4 millones de personas. En una se lo ve al pie del avión privado que lo llegó a la ciudad. En la otra ya está sobre el escenario y saluda a cámara con el público que se había congregado en el estadio de fútbol municipal por detrás. “Despacito” fue el broche de oro una fiesta que duró cuatro días e incluyó a artistas argentinos como Cacho Castaña y Abel Pintos, además de otras atracciones menos convencionales. Así viajaron a Dolores viejas glorias de la selección de fútbol campeona de 1986 acompañadas de su entrenador, Carlos Salvador Bilardo.
El intendente Etchevarren defendió el costo de la fiesta y apuntó directamente contra las críticas opositoras. “Nosotros el bicentenario lo vamos a vivir una vez en la vida. Y lo pudimos hacer porque con este gestión el dinero va para la gente, a diferencia de cuando gobernaban ellos. Nunca les alcanzaba la plata, no hacían una obra, no hacían una fiesta, pero la plata desaparecía. No los vota nadie, no representan a nadie. Sacaron el 12%”, dijo al diario Perfil. Sobre el origen del dinero, lo atribuyó al ahorro. "Hace 10 años que gobernamos y juntamos la plata para poder hacer esta fiesta. Y salió bárbaro. Y si lo pudiera hacer de nuevo, lo haría mejor", desafió. Fonsi viajó, cantó y triunfó, pero dejó una estela que aún suena en Dolores.
QUE GRAZNAN AHORA LOS CLASEMIERDA ...