¿HÉROE O VILLANO?

¿HÉROE O VILLANO?

lunes, noviembre 16, 2009

LOS DESCONFIADOS E INSOLIDARIOS

martes 10 de noviembre de 2009

A los argentinos, aunque valoran la amistad, no les gusta confiar en los otros

Un estudio mundial reveló que los argentinos tienen un bajo nivel de capital social. Son poco participativos y más del 80 % prefiere no fiarse de los demás. Mostrar sólo la fachada, para no ser vulnerable.
Amigueros y sociables. Que estas cualidades describen a los argentinos en el mundo no es una novedad. Pero que entre 104 naciones nos encontremos entre los 50 países con menor capacidad para creer y confiar en los otros representa más bien una paradoja. El fenómeno tiene su explicación: los expertos sostienen que si bien los lazos de amistad siguen siendo muy fuertes en nuestra sociedad, la confianza es un valor que ya no prima tanto en estas relaciones.
Un estudio proveniente de Inglaterra reveló semana algunos aspectos de la personalidad criolla. Se trata del índice de prosperidad que cada año realiza el instituto Legatum para medir la calidad de vida de los diferentes países. Uno de los aspectos que considera el trabajo es el "capital social", un conjunto de características que marcan la cohesión que tiene la comunidad, un valor fundamental para el desarrollo. Un ítem en el que Argentina está a un paso de desaprobar.

Aunque en el ranking general de países nuestro país aparece en una buena posición, el puesto 38, en la evaluación del capital social, Argentina muestra debilidad y baja varios escalones para ubicarse en el punto 56. Las cifras son hasta escalofriantes: menos de dos de cada 10 argentinos cree que puede confiar en otros. En una comparación con los demás países aparece, por ejemplo, que los uruguayos y colombianos confían hasta siete veces más que los argentinos en los otros.
En contraste con esta realidad, una gran proporción de habitantes de este país cree que los amigos son importantes y el 90 % de ellos asegura que confía sólo en sus amistades y en su familia cuando lo necesita.

Superficiales
Las relaciones más superficiales podrían ser la explicación para la gran distancia que hay entre la valoración de la amistad y la confianza en los demás.
Confiar supone asumir el compromiso de animarse a exponerse frente al otro, a entregar cada vez mayor cantidad y calidad de información, y la confidencialidad se construye por la reciprocidad de esta actitud, explica el psicólogo Arturo Gómez López.
"La disminución en la capacidad de confiar en el otro reside en que las personas prefieren mostrarse sólo superficialmente, un fenómeno que se revalorizó en las últimas dos décadas. El slogan social de hoy parece ser 'hay que tener y mostrar una buena fachada, pero no te expongas, no muestres mucho tus ideas ni tus sentimientos, pues eso te hace vulnerable frente a los demás'", sostiene.

Según el especialista, en la actualidad los grupos de pertenencia que más se cultivan son los que nos permiten "pasarla bien". Esto es lo más importante y para tal fin hay que mostrarse simpático, lindo, amistoso y divertido. "Esto en sí mismo no es un problema, pero imposibilita el avance a otro estadio vincular como el de la confianza", apunta.

Personalidad argentina
De toda la vida.-
Amistades largas y muy importantes. Así describen algunos tucumanos las relaciones con sus pares. "Mis amigos más íntimos están al lado mío desde la infancia. Yo trato de fomentar eso en mis hijos, que lleven amigos a casa. Eso no es común en otros países", sostuvo Miguel Sánchez, que se dedica al comercio exterior y viaja por todo Latinoamérica.

Demostrativos.- "Quizás el argentino es más cálido y demostrativo", define Martina Bollea. Esta tucumana que hace una década tuvo que abandonar su país para radicarse en Estados Unidos confiesa que todavía sufre porque no ha podido encontrar amigos y porque extraña demasiado a los que dejó en la otra punta del continente.

Individualismo.- "La amistad, a pesar de constituir un aspecto ponderable y favorable, muchas veces no alcanza para explicar o analizar con profundidad el germen de desconfianza e individualismo dentro de una sociedad fragmentada e individualista", resaltó el abogado Agustín Torres, investigador sociológico.

Cinco amigos por habitante.- Otra encuesta de cohesión social que se realizó entre 10.000 habitantes de Latinoamérica el año pasado ubicó a Argentina en el tercer lugar con promedio de cinco amigos por habitantes. Los brasileños son los más amistosos: tienen siete amigos por persona mientras que los chilenos aparecen en el último puesto con cuatro amigos.

Poco solidarios.- Además de individualistas y desconfiados, la investigación del instituto Legatum reveló otros aspectos menos gratos de la personalidad argentina: los niveles de solidaridad y trabajo voluntario son bastante bajos. Sólo el 51 % de los argentinos asegura haber ayudado a un extraño en el último año.

Mediciones.- El Indice de Prosperidad Legatum combina crecimiento económico, nivel de libertad, democracia, mediciones de felicidad y calidad de vida de un país. Entre 104 países, Argentina quedó debajo de Chile y Uruguay, y por sobre Brasil, México y Venezuela. La mejor cualidad de nuestro país es la libertad personal. El lugar más próspero del mundo es Finlandia.

lunes, noviembre 09, 2009

LEER EL BOLETIN ARGENTINO








Muere alguien en un asalto y no falta nunca el comentario de rigor: a estos delincuentes menores de edad, pobres, villeros, la vida no les importa. Mueren cuatro jóvenes de teórico buen pasar, en un barrio de habitantes ídem, presuntamente alcoholizados y conduciendo un auto a velocidad desbocada, al caer a un lago artificial. Claramente, tampoco les importa la vida, se la autodestruyen sin hesitar. El desprecio por la vida es común a nuestros jóvenes, pobres y ricos. Es lo que les enseña una sociedad que se mofa de aquellos que buscan hijos desaparecidos o nietos robados y piden justicia. Sólo si entendemos que la vida es lo más, como dicen ellos, podremos abrigar esperanzas.

Ana Patrizio






www.boletinargentino.com/

jueves, noviembre 05, 2009

Cuando Buenos Aires era extranjera


De la revista Ñ suplemento culrural del diario Clarín

El escritor Alberto Sarramone investigó el impacto inmigratorio a principios del siglo XX. Allí rastreó los orígenes de una nacionalidad argentina que se presenta como una pregunta de respuesta incierta.

SARRAMONE busca las huellas del fenómeno en la literatura, el ensayo y el tango, entre otras

En Inmigrantes y criollos en el Bicentenario, bajo la égi­da de un enfoque predomi­nantemente sociológico, Alberto Sarramone se aboca a la tarea de mensurar el impacto inmigratorio en la formación de la nacionalidad argentina, ese aluvional crisol de razas que torna temeraria y, en muchas ocasiones, imposible de responder la pregunta por el ser nacional (una extraña quintaesen­cia que se pretende prototipo de rasgos y características singulares y, a un tiempo, compartidas). El peso que comportó el carácter inmigratorio se ilustra con clari­dad en la progresión de carácter numérico: en el Censo Nacional de 1895, una de cada cuatro per­sonas era extranjera; en el Censo de 1914, una de cada tres, pero los dos tercios de argentinos res­tantes eran hijos o nietos de in­migrantes. Pero si en el resto de América latina hay fundamentos suficientes para hablar –según la expresión ya consagrada de Haya de la Torre– de "pueblos indoame­ricanos", en Argentina, señala el autor, se torna inevitable la expre­sión "euro-americano" en virtud de la genealogía inmigratoria.

En términos generales, indica Sarramone, no sería un error des­estimar la figura paradigmática del inmigrante que arriba "con una mano atrás y otra adelante", tal y como reza el lugar común, no pudieron salir de su tierra quienes eran extremadamente pobres en tanto que el pasaje en barco había que pagarlo y no era barato, aun viajando en clase hacinada y eco­nómica.

Según las cifras del Censo de 1914, el cincuenta por ciento de la población que moraba en Bue­nos Aires era inmigrante; no en vano unos años antes, en 1887, Sarmiento se interroga: "¿Esta­mos en Italia o en Buenos Aires?, ¿en Europa o en América?" Julio Argentino Roca reflexiona: "Bue­nos Aires no es la Nación porque es una provincia de extranjeros", y Juárez Celman abunda: "Seré el presidente de la inmigración". Notablemente, nada afectó la in­tensidad del flujo inmigratorio, ni siquiera la tristemente célebre Ley de Residencia, promulgada en 1902 (y recién abolida en 1958) e inspirada en las huelgas de fines del siglo XIX, que autorizaba al Poder Ejecutivo a expulsar del país a cualquier extranjero que "com­prometa la seguridad o perturbe el orden público". El sentimiento enraizado en una genuina xeno­fobia, el temor a lo radicalmente otro, la inmigración externa o la migración interna contempladas como una de las formas más ve­jatorias de invasión al espacio propio y (en principio) intocado alimentaron manifestaciones lite­rarias tan disímiles en tiempos y ejecución como las novelas En la sangre (Eugenio Cambaceres), La Bolsa (Julián Martel) y los cuentos "Casa tomada" (Julio Cortázar) y "Cabecita negra" (Germán Roz­enmacher). No menos evidentes resultan los aportes inmigrato­rios a la formación del porteño de fines del siglo XIX y principios del XX, nacido y crecido –como bien apunta Sarramone– al calor de movimientos socioculturales propios y extraños; la presencia de la inmigración italiana en los nombres del tango es considera­ble: D'Arienzo, De Caro, Piazzo­lla, Franchini, Di Sarli, Discépolo, Pugliese, Troilo, Canaro, Bassi y un larguísimo etcétera. Así como los títulos de algunas letras: des­de "Giusseppe el zapatero" hasta "Canción del inmigrante". En este marco resulta, cuanto menos, as­tigmático el fervoroso anhelo de Ricardo Rojas proponiendo "res­taurar el alma nacional" o la mal­hadada descripción de Leopoldo Lugones definiendo a los grupos inmigratorios como "la plebe ul­tramarina".

Por fortuna, los afanes de Sarramone no se circunscriben a Buenos Aires sino que abarcan, con minucia y holgura, todo el te­rritorio, desglosando el tipo y las características de inmigración que correspondieron a cada provincia y zona geográfica. Así, el autor in­forma que en fecha tan temprana como 1826 se produjo el arribo de inmigrantes alemanes que fueron alojados en la entonces Chacarita de los Colegiales. Treinta y cua­tro años después da comienzo la formación de colonias en tierras cordobesas, a cargo de ingleses, italianos y suizos. No deja de re­sultar curioso un dato señalado por el autor respecto a la inmigra­ción en la Patagonia: el aporte más importante fue de raíz religiosa, debido a la congregación de los salesianos, fundada en Turín en 1859 por Juan Bosco, cuyo sueño era la evangelización de la Patago­nia. Así como no puede dejar de mencionarse el duro inicio que tuvieron que superar los prime­ros colonos judíos que llegaron a afianzarse en el país.

Por el notable rigor de datos y estadísticas, Inmigrantes y criollos en el Bicentenario está destinado a ser un libro de estudio necesario e imprescindible lectura.

miércoles, noviembre 04, 2009

C U R D E L A S

Lección de humanismo etílico

El alcohol, en su justa medida, humaniza. El alcohol, en exceso, deshumaniza lo previamente humanizado. Bajo sus efectos algunos usuarios de mi taxi se vuelven pesados, o incluso violentos (como bien dijo Sabina: "me encantan las drogas y el alcohol, pero no soporto a los drogadictos ni a los borrachos"). Pero también los hay que se vuelven verborreicos, o audaces, o risueños, o cariñosos, o somnolientos, o reflexivos, o nostálgicos, o filosóficos.

Como aquel usuario del sábado pasado (noche de Halloween):

- Mi amigo Josete me dijo que Dios existía, que estaba en todas partes, y esta noche lo busqué en el fondo de una Mahou. Catorce Mahous después, efectivamente, lo encontré ahí flotando. Boca abajo. Ahogao. ¡Hip! - me dijo embutido en su disfraz de koala (lo juro). Al finalizar el trayecto incluso trató de pagarme la carrera con un paquete de chicles sabor eucalipto.

Otros acaban confesándote lo inconfesable:

- Ssé que mi marido me la esstá pegando con la asisstenta. Él sse cree que ssabe que yo no ssé que lo sssé. Pero lo que ssé que él no ssabe ess... lo mío con su primo el de Cádiz - me dijo una mujer de ojos cándidos de camino a su casa.

O les da por llorar:

- ¿Tiene algún problema? - le pregunté a otro usuario afterhours en plena eclosión llantil:

- Lo dejé, snif, hace dos semanas, snif, con mi novia, snif, y estoy, snif, muy feliiiiz...

- Si está feliz, ¿por qué llora?

- Porque no es normaaal, snif, que no la eche de menos, snif, ni una mierdaa... Soy un monstruo, snif, sin, snif, sentimientooos - y en ese punto se rompieron del todo sus lacrimales hasta el final del trayecto.

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Y ante tal catálogo de reacciones etílicas, yo me pregunto: ¿Cuando bebemos nos convertimos en la exageración de nosotros mismos, o sencillamente somos otros?

sábado, octubre 31, 2009

SER CHORRO DA PRESTIGIO....y votos

Cuanto más corrupto, más te votan

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Les pueden ver esposados entrando en los juzgados, puede ser vox populi que las arcas del ayuntamiento y las suyas son lo mismo o les pueden pillar en una orgía con un montón de prostitutas… Da igual: los votos no se resienten. El aparentemente escaso impacto electoral que tienen escándalos de lo más diverso hace que muchos electores se pregunten, en una sociedad donde las investigaciones judiciales se suceden a un ritmo mucho mayor que las sanciones políticas y penales por esas mismas conductas, si ser corrupto no hace que se ganen votos.

Según Arantxa Capdevila, profesora de Comunicación Política en la Universidad Rovira i Virgili, la incidencia electoral de los múltiples escándalos en que se ven inmersos los políticos contemporáneos, que es más negativa para los afectados de lo que suele pensar la opinión pública, depende de dos factores. Por una parte, “hay que valorar tanto las normas que se transgreden como la consideración que tienen esas normas en la sociedad en la que se produce el escándalo. Hay países que no tienen demasiado en cuenta los asuntos relacionados con el sexo, como Italia, y otras, como EEUU, donde los toman muy en consideración”. En otro sentido, también debe valorarse el contexto político concreto. En España, “donde votamos listas cerradas, que haya casos determinados de corrupción no afecta demasiado, ya que se votan partidos y no personas”.

Sin embargo, el problema de la valoración electoral de las conductas de nuestros cargos públicos se extiende más allá de los casos de corrupción, apuntando algunas novedades en el terreno de la comunicación política. Hay una serie de dirigentes, desde Berlusconi hasta Sarkozy (pasando por Fabra), que han tomado como puntos fuertes de su comunicación aspectos que en teoría les resultaban negativos. Así, Bush utilizó sus supuestas debilidades, en tanto persona con peor formación intelectual que sus contrincantes o con un historial juvenil negativo, para ganar las elecciones. Y las salidas de tono de Berlusconi parecen granjearle simpatías entre sus electores, quizás porque genera fenómenos de identificación: “él mismo decía que la mitad de los italianos le envidiaban”. ¿Es ese el asunto? ¿En el fondo queremos ser como Berlusconi y por eso le votamos?

Pere-Oriol Costa, catedrático de Comunicación Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, no cree que estas personalidades desatadas acaben siendo una buena apuesta electoral. Otra cuestión es que los políticos hayan aprendido a sacar partido hasta de sus deficiencias. “Jacques Séguéla inició una técnica en la campaña de Miterrand contra Giscard que consistía en buscar el reverso de las cualidades negativas de tu candidato y de las positivas de tu adversario. Y eso lo volvimos a ver, entre otros muchos ejemplos, en las campañas estadounidenses. Así, la etapa alcohólica de Bush se convierte en un elemento político atractivo al presentarle como un hombre reformado que ha sabido sobreponerse a la adversidad; al mismo tiempo, el Al Gore experimentado con una carrera sólida como senador es dibujado como un ineficiente burócrata de Washington”. Este tipo de juegos discursivos, frecuente en las campañas actuales, parece que lo será aún más en el futuro.

Sin embargo, más allá de estrategias comunicativas, los asuntos que explicarían la ratificación electoral de un cargo público tocado por el escándalo estarían relacionados fundamentalmente con cuestiones de poder cotidiano. Así, como señala Pere-Oriol Costa, “suele coincidir que el dirigente corrupto posee un gran control de los medios de comunicación. Tanto Valencia como Italia son casos ejemplares, con Berlusconi dominando las televisiones y con Camps manejando férreamente los medios públicos”. Los medios, subraya Capdevila, “no fabrican los escándalos, pero juegan un papel fundamental a la hora de difundirlos. Aunque no tanto como les atribuyen quienes se dejan llevar por teorías conspirativas, como esas que afirman que ahora salen los escándalos del PP porque el PSOE controla los medios”.

El otro asunto relevante, y en muchos casos decisivo, para explicar la permanencia en el poder de los afectados por escándalos tiene que ver con la falta de una oposición política que sea visualizada como alternativa real. Según Pere-Oriol Costa, Italia y Valencia son también casos paradigmáticos en este sentido. “La alternativa a Berlusconi vive en un permanente clima de división mientras que, en el caso valenciano, el PSOE no parece contar para los votantes como opción de gobierno”. Si a esta dificultad para encontrar unas siglas que encarnen el cambio le sumamos, como afirma Jordi Rodríguez Virgili, Subdirector del Master de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra, que “cuando hablamos de corrupción en el terreno municipal, encontramos también mucho clientelismo”, la dificultad para que los corruptos pierdan toda clase de comicios quedaría explicada. Y ello a pesar que de, en este contexto, es fácil encontrar enganches comunicativos sólidos. Como asegura Rodríguez Virgili, “si la oposición tiene un mensaje regeracionista claro, si apuesta por la limpieza y la honradez y sus líderes son creíbles, entonces tiene muy sencillo ganar las elecciones”.

Sin embargo, lo que suelen producir estos escándalos es una profunda desafección de los electores, elemento que suele cristalizar en un aumento de la abstención que suele venir bien a quien están en el poder. Incluso esa sensación de que todos son iguales puede repercutir positivamente en los dirigentes corruptos si trasladan a la gente el mensaje de que “aunque se lleven su 3% ellos funcionan. Si logran que los electores crean que todos roban pero que, al menos, ellos son eficaces y hacen algo por la gente, están manejando un mensaje que les será muy útil”.

Y es que, como asegura el consultor político Antoni Rodríguez- Rubí, “si bien los electores no se identifican con las conductas ilícitas o poco ejemplares, tampoco están dispuestos a que su decisión política (su voto) sea cuestionado permanentemente por la oposición, por los medios… o por la justicia”. En ese sentido, se da “algo de resistencia emocional y de pereza ideológica o intelectual a cambiar de posición. Admitir que ha sido un error haber confiado en alguien del que, finalmente, te defrauda tiene un coste personal (y en la vida cotidiana de las personas) bastante importante. Los electores necesitan su tiempo, su proceso. Cambiar de voto es un coste emocional importante”.

Para la mayoría de los expertos, sin embargo, lo importante no reside en el hecho en sí, sino en cómo maneje la situación. El castigo electoral dependerá, entonces, mucho más del modo en que se reaccione ante las acusaciones que del hecho de que éstas sean o no probadas. Como sintetiza Gutiérrez-Rubí, “en comunicación, la clave está en la gestión de la percepción, del tempo político y de los símbolos y lenguajes metafóricos. A veces, una buena estrategia de comunicación puede mejorar determinadas percepciones que son, en definitiva, las protagonistas de nuestras decisiones. «Comprender» todo lo que sucede reclama mucho tiempo, esfuerzo y conocimiento. «Intuir» la verdad, la sinceridad, la transparencia es una información de carácter emocional que se puede obtener con un gesto o una mirada. Y las primeras palabras, declaraciones, y reacciones son determinantes en la primera impresión (que se instala con mucha facilidad y consistencia) en los procesos de creación de opinión pública”.

Coincide Rodríguez Virgili en señalar la importancia crucial de la reacción, en tanto “la ciudadanía entiende que el ser humano es falible y que las organizaciones están compuestas por muchas personas que pueden equivocarse”. Por lo tanto, disculpará hechos aislados siempre y cuando se conteste con prontitud y acierto a las acusaciones. En este orden, una buena respuesta puede incluso reforzar a la organización y, por el contrario, una mala política será nefasta. Y eso lo ve ejemplificado Virgili en asuntos recientes: “El tomate central del caso Gürtel está en Madrid y sin embargo allí se reaccionó a tiempo; en Valencia, sin embargo, la reacción no fue la adecuada y es donde el asunto está teniendo mayor repercusión política”.



Cuanto más corrupto se es,se sacan más votos y se es más popular,eso parece indicar la reacción de la gente en casi todos los países del mundo.
La honestidad no vale ni trae votos.

viernes, octubre 30, 2009

LOS MILICOS SOBRAN(y son caros)

OPINIÓN INVITADA

Más adiós a las armas

Parece que los medios argentinos no hablamos de eso: que decidimos hacer como si ya no tuviéramos ejército

Parece que los medios argentinos no hablamos de eso: que decidimos hacer como si ya no tuviéramos ejército. Es curioso; el viernes pasado publiqué, aquí mismo, un artículo –Adiós a las armas– que discutía, en síntesis, si vale la pena seguir gastando una fortuna en unas fuerzas armadas mal armadas y peor preparadas y que, sobre todo, no tienen ninguna hipótesis sensata de conflicto porque una guerra con los vecinos es impensable y una con Inglaterra es insostenible, o sea: un cuerpo que está ahí porque siempre estuvo ahí, porque los estados tienen ejércitos, por el peso de la tradición y la conservación.

Esa tarde un programa de radio Nacional –Carbono 14, conducido por Miriam Lewin y Eduardo Anguita– me llamó para comentar el asunto. Conversamos; hasta allí, seguía siendo pura opinión, eso que no nos interesa. Pero poco después la radio recibió una llamada del ministerio de Defensa: querían contestar algunas cosas. Plural, curioso, el programa puso en el aire al secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Germán Montenegro, el segundo en la jerarquía del ministerio. El secretario dijo que “la Argentina, que no tiene hipótesis de conflicto a corto o mediano plazo, configura a sus Fuerzas Armadas teniendo en cuenta un escenario de incertidumbre”. Eso sí era lo que los libros suelen llamar información y, como tal, fue reproducida en un cable de la agencia oficial Telam a las cinco de la tarde: la Argentina no tiene hipótesis de conflicto para sus fuerzas armadas porque “en lo inmediato no hay un país que pueda amenazar la soberanía argentina”, aunque –dijo el secretario Montenegro– “tenemos recursos muy importantes, un territorio rico, presentamos reclamos sobre la ampliación de la plataforma continental y no sabemos qué amenazas pueden surgir desde el escenario internacional incierto y cambiante”. O sea: que están ahí por si acaso y ya veremos. El cable de Telam fue un pif casi perfecto; sólo lo reprodujo un medio on line de la Patagonia –y ningún otro. Que el Estado argentino no defina ni piense definir la función de su ejército no parecía un tema que tuviera por qué importarle a nadie.

O eso, por lo menos, supusieron los grandes medios de la patria. En Criticadigital.com, en cambio, la discusión hervía desde la mañana. O, dicho de otro modo: hacía mucho que no me puteaban tanto.

–Pero si a usted le gusta, Caparrós, no se me queje.

–Sí, claro. Nada me calienta más que cuando me amenazan o me mandan al carajo. No me diga que a usted no.

Y eso que yo había tratado de ser calmo, ecuánime, exponer razones. Que –muy expresamente– no escribí ni una palabra sobre el hecho de que el ejército argentino es la institución más violenta de nuestra historia, la más homicida, porque no quería que las emociones tiñeran una propuesta que iba más allá: que, en el famoso concierto de las naciones, el poder moral de desarmarse es mucho mayor que el escaso y costosísimo poder de fuego de un ejército que no tiene objetivos. Fue un vendaval. Pero había, también, en medio de las puteadas argumentos, y me interesa discutirlos.

El más repetido tuvo que ver con la costumbre: siempre hubo un ejército, todos los países –casi todos– tienen un ejército, así que tiene que seguir habiendo. No hay nada más triste como base para una discusión: los grandes momentos de la historia son aquellos en que algunos no aceptan ese principio y deciden pensar algo distinto. Incluyendo, por ejemplo, a ciertos militares de esta tierra que supusieron, a principios del siglo XIX, que el hecho de que los españoles siempre la hubieran gobernado y gobernaran el resto del continente no era razón suficiente para no repensar el asunto. No revisar los conceptos que parecen evidentes es la mejor garantía para seguir cayendo.

Otra línea de argumentación fue la “mal de muchos”. Una síntesis posible es la de un tal Jacinto Chiclana, fugitivo de Borges: “Las fuerzas armadas no tienen función alguna, la policía no te protege, los maestros están siempre de paro o vacaciones, los políticos son corruptos e incompetentes, la industria argentina no puede competir con nadie, los hospitales no tienen ni curitas, el periodismo descubre escándalos que terminan en nada, los impuestos se utilizan para favorecer a los amigos del gobierno de turno. Haciéndola corta: el país y sus instituciones son tan inútiles como el ejército (eso es coherencia): ¿por qué no abolirlos también?”, proponía, mordaz, el falso Jacinto. ¿Es necesario aclarar la diferencia entre una institución que funciona mal pero necesitamos y una que, por carecer de un sentido claro, tal vez no? ¿Decir que sabemos para qué están los hospitales y las escuelas y no parecemos saber para qué está el ejército, y que entonces tenemos que mejorar quirófanos y aulas pero quizá podemos mandar a casa a los soldados?

La discusión seguía. Muchos ponderaban el trabajo humanitario del ejército, sin duda muy útil pero que puede y debería ser encarado por un cuerpo especializado: ¿o se necesita saber manejar un tanque para reconstruir un puente, un fusil fal(Cetme en España) para rescatar pobladores de la inundación? Otros –los más insultantes– me recriminaron que hubiera descrito la guerra de las Malvinas como “la tontería soberbia de pensar que una banda de inútiles mal preparados y peor equipados podía mellar siquiera la carrocería de uno de los ejércitos potentes de este mundo”.

Me exigían respeto por “la sangre vertida en las Malvinas”. Es cierto que los soldados que llevaron a pelear eran inútiles para ese trabajo, pobres, por culpa de sus jefes y sus equipos perimidos. Me da muchísima pena –y he escrito sobre eso–, pero detesto el chantaje de la sangre, tan en boga en la Argentina actual: que te maten es horrible pero no da derechos ni silencia a los vivos ni cambia tu historia. Si no se puede pensar qué hicieron los que perdieron su sangre por su patria también habría que alabar a los sargentos nazis, por ejemplo. Lo cual me hizo acordar del 2 de abril de 1984, cuando Jorge Dorio y yo conducíamos un programa de radio –Sueños de una noche de Belgrano– y dijimos que era complicado hablar de esa guerra y de sus muertos porque, entre otras cosas, el primer soldado argentino caído en las islas, el primer mártir, era un capitán Pedro Giachino que si no hubiera muerto allí habría tenido que responder a acusaciones graves sobre violaciones de derechos humanos. Y entonces un comando nazi encabezado por un autodenominado Castrogé tomó el estudio, nos tuvo de rehenes, nos dijo muchas veces que nos iba a matar. Fue una noche difícil –y sigue siendo otra discusión que no se ha dado.

Entre los argumentos que más me impresionaron –y fueron numerosos– están los de la línea Malena: “Sucede que somos un país semicolonial y Caparrós lo asume, pero derrotado. ¿Acaso no tenemos que recuperar nuestros recursos para desarrollar la industria y terminar con el hambre? ¡Cómo que no hay hipótesis de conflicto! Por favor, el agua, la minería, el petróleo…”. Ése sí que es un triunfo de la ideología contra la historia: imaginar, pese a tantos hechos y evidencias, que el ejército va a proteger los recursos naturales argentinos. ¿Para quién, para la Barrick Gold, para Repsol? Cuando tuvo poder, el ejército entregó más recursos que nadie. La tal entrega no es como en las películas: no vienen hordas de soldados a ocupar los pozos o las minas; llegan en jets privados ejecutivos con valijas de dólares para los funcionarios, jueces, periodistas, militares que pueden ayudarlos a quedárselos. Y el ejército después, si acaso, se los cuida.

Había otros argumentos, pero vuelvo a lo que más me sorprendió: que el segundo del ministerio de Defensa diga que nuestras fuerzas armadas no tienen hipótesis de conflicto –y no le importe a nadie. Aún cuando la ley 23.554 de Defensa Nacional, promulgada en 1988, diga tan claro en su artículo 8 que “el sistema de defensa nacional tendrá por finalidad: a) Determinar las hipótesis de conflicto y las que deberán ser retenidas como hipótesis de guerra; b) Elaborar las hipótesis de guerra, estableciendo para cada una de ellas los medios a emplear…”. Alguien debería explicar por qué no cumplen con la ley.

Una noche, a mediados de los noventas, estuve en una rara cena en la embajada de México –yo no suelo estar en esas cosas– con Dante Caputo y Raúl Alfonsín. En un momento comenté lo curioso de que hubiera sido Menem quien limó el poder del ejército argentino, y Alfonsín y Caputo dijeron que esa debilidad les parecía contraproducente. Les pregunté por qué y Alfonsín dijo que el ejército era necesario porque servía de contrapeso; que, sin él, la policía sería la única fuerza armada en la Argentina y que no habría quién la controlara.

Era una hipótesis de conflicto muy rara –ejército versus las policías– pero, por lo menos, era una. Si el gobierno sigue diciendo que no tiene ninguna, deberemos quedarnos con la sospecha de que, en realidad, las fuerzas armadas argentinas están ahí para mantener, dentro del país, el poder de los que tienen poder en la eventualidad de que los que no tienen puedan amenazarlo: para la represión, que es lo que siempre han hecho. Lo cual está muy prohibido por la ley de Defensa Nacional, pero ya sabemos cuánto pesa eso en la Argentina. En todo caso, insisto, vale la pena discutirlo en serio.

viernes, octubre 23, 2009

ERAN LOS MEJORES


Hablamos de política, sobre quien es peor si Rajoy o Zapatero?
O de fútbol?
El Atlético de Madrid es una mierda? Mi mierda.
Pero River es peor? También es mi mierda.
Me abstengo de hablar de la selección que da vergüenza ajena. Otra merde...
Así que podemos hablar de cine...pero desde los 400 golpes de Truffaut o la Naranja Mecánica, Apocalipsys Now o El Padrino, por no mencionar Un verano con Mónica, no volví a ver nada bueno.
Algo medianamente pasable que me conmoviera no me viene a la memoria.
Así que podemos charlar de literatura, eso si que está bien.
Me quedé en Rayuela , en García Márquez, Alberti, García Lorca y Neruda. No me olvido de mi querida science-fiction con Los Mercaderes del Espacio.
Que quieren que les diga, veo en mi salón todos los días el cuadro que me regaló Carlos Alonso, sobre su hija, que fue amiga mía (desaparecida)o voy cuando puedo al Prado y me quedo fijo estático en los fusilamientos de Goya.
Un poco viejo y antiguo soy.
Releo a Gramsci, Bakunín o Marx y debido a la influencia de mi hijo Juako(20 años) a Espinoza--sublime,este judío sefardí inventó el mundo moderno--.
Y de música?
Hablamos de Mercedes Sosa o de Frank Sinatra? Del grone Amstrong o de Julio Sosa.
No avanzó mucho el mundo, solo nuestros valores, que sin cambiar, se nos quedaron viejos, antiguos llenos de moho y en el desván de los sueños.
Quien me hubiera dicho en 1965 cuando me incorporé en un grupo de apoyo a la futura guerrilla del Ché que en 2009 el mundo sería una mierda controlada por la derecha más rancia, casposa , cutre y gorila.
Donde están los gloriosos años con el Ché, en Brasil con Marighella, en Angola de voluntario...o en mi querida Argentina al lado de la lucha popular.
No fue una mierda fueron cosas hermosas, conocí compañeras únicas, tipos excepcionales, gente que marcó mi vida y me enseñaron a ir por la vida con dignidad y no ser un corrupto de merda, no venderme cuando ante las dificultades económicas y con cuatro hijos, me flojeaba la moral.
Me paso el vídeo en el replay de mi vida y aparecen a saltos nombres de gente ejemplar.
¿Porque los mataron, desparecieron, secuestraron,aniquilaron?
Quizás porque eran mejores que yo.