Una esquina del mundo donde analizar lo que pasa,las maldades que nos
hacen y las boludeces que decimos
¿HÉROE O VILLANO?
miércoles, diciembre 05, 2012
martes, diciembre 04, 2012
NO ES QUE HUELAS MAL,ES QUE NO SABES OLER
LAS FEROMONAS, RESPONSABLES DEL AMOR
Un estudio demuestra que el secreto de las relaciones duraderas está en el olfato
Las personas con trastornos del olfato tienen más dificultades para entablar relaciones. (Corbis)
El verdadero éxito de las relaciones amorosas duraderas reside
en el sentido del olfato. Así lo ha corroborado un grupo de
investigadores de las universidades de Dresde y Gotemburgo en un estudio
publicado la pasada semana en la revista científica Biological Psychology.
Según los resultados de esta investigación, las personas con un sentido
del olfato poco desarrollado tienden a presentar problemas de
socialización. Más concretamente, tienen un 80% menos de relaciones que la media, algo que afecta más a los hombres que a las mujeres. Unas claves sobre las que profundizó el divulgador científico Eduard Punset en su ensayo El viaje al amor (Destino),
en el que describe las feromonas –sustancias químicas emitidas por los
humanos– como las responsables del enamoramiento entre dos personas.
La inseguridad de las personas con problemas de olfato a la hora de interactuar, su falta de confianza en los demás y sus limitaciones comunicativas son, según los investigadores, las principales razones por las que carecen de las habilidades sociales necesarias para entablar nuevas relaciones. “El sentido del olfato es el principal canal de información sobre los demás, mucho más de lo que creíamos hasta ahora, e influye directamente en nuestras conductas sociales”, concluye Thomas Hummel, autor principal del estudio. La carencia de este sentido, por tanto, se relaciona con un menor número de relaciones y con una peor calidad de estas.
Esta relación directa entre el olfato y el amor “puede deberse a que las personas sin capacidad para oler los fluidos corporales no son capaces de captar con precisión las señales emocionales de sus parejas”, según sostiene la psicóloga de la Universidad de Gotemburgo, Ilona Croy, otra de las autoras del estudio.
Menos deseo sexual
Las patologías en el sistema olfativo provocan una serie de consecuencias diferentes en hombres y mujeres. A los primeros les afecta más en la calidad de sus relaciones sexuales, ya que el despertar de la libido guarda relación con el olor de las hormonas femeninas, como ya han demostrado diversas investigaciones realizadas con anterioridad mediante imágenes de escáner cerebral. Una teoría que ha despertado el interés de científicos y perfumistas para buscar un compuesto basado en las feromonas que estimule el apetito sexual. Asimismo, este tipo de personas tienden a ser más retraídas y negativas sobre la percepción que los demás puedan tener de ellas.
Las personas con anosmia tienden a ser más retraídas y negativas sobre su imagen social
En el caso de las mujeres, para quienes tienen más peso los factores psicológicos a la hora de estimular su deseo sexual, las disfunciones en su sistema olfativo les impiden confiar plenamente en su pareja, además de sentirse inseguras en sus relaciones teniendo así menos posibilidades de éxito. Por otra parte, las mujeres con esta incapacidad sensorial tienen menos problemas que los hombres para construir amistades con personas de su mismo sexo.
Un sentido que influye en la personalidad
Para el sexólogo Phillip Hodson, autor de How 'Perfect' Is Your Partner?, el olfato “es un órgano sexual interactivo que se reactiva con las emociones fuertes”, pero lamenta que sea uno de los sentidos de los que menos se sabe, a pesar de que su importancia para múltiples funciones vitales, aseguraba en la prensa británica preguntada por los resultados del estudio. Ahora, continúa el sexólogo, contamos con una pieza más para completar el rompecabezas de las relaciones humanas y,más concretamente, de pareja.
El olfato es el principal canal de información sobre los demás y determina nuestras conductas sociales
La investigación se basó en el análisis de los datos obtenidos de una muestra de hombres y mujeres con anosmia –incapacidad para percibir los olores– de entre 18 y 46 años, que se compararon con los de otro grupo de control con un buen sentido del olfato. La conclusión obtenida fue que los participantes del primer grupo tenían durante su vida una media de dos relaciones frente a las diez que presentaban los individuos del grupo de control. Por otra parte, los niveles de seguridad en sí mismos eran un 20% inferiores entre las personas con anosmia que entre las sanas.
La influencia del olfato en la personalidad ya había dado lugar a diversos estudios. Uno de los más destacados se llevó a cabo en la universidad australiana de Macquiarie, concluyendo que la mayoría de psicópatas –un trastorno caracterizado por los comportamientos antisociales y la falta de empatía– coinciden en tener un sentido del olfato poco desarrollado.
La inseguridad de las personas con problemas de olfato a la hora de interactuar, su falta de confianza en los demás y sus limitaciones comunicativas son, según los investigadores, las principales razones por las que carecen de las habilidades sociales necesarias para entablar nuevas relaciones. “El sentido del olfato es el principal canal de información sobre los demás, mucho más de lo que creíamos hasta ahora, e influye directamente en nuestras conductas sociales”, concluye Thomas Hummel, autor principal del estudio. La carencia de este sentido, por tanto, se relaciona con un menor número de relaciones y con una peor calidad de estas.
Esta relación directa entre el olfato y el amor “puede deberse a que las personas sin capacidad para oler los fluidos corporales no son capaces de captar con precisión las señales emocionales de sus parejas”, según sostiene la psicóloga de la Universidad de Gotemburgo, Ilona Croy, otra de las autoras del estudio.
Menos deseo sexual
Las patologías en el sistema olfativo provocan una serie de consecuencias diferentes en hombres y mujeres. A los primeros les afecta más en la calidad de sus relaciones sexuales, ya que el despertar de la libido guarda relación con el olor de las hormonas femeninas, como ya han demostrado diversas investigaciones realizadas con anterioridad mediante imágenes de escáner cerebral. Una teoría que ha despertado el interés de científicos y perfumistas para buscar un compuesto basado en las feromonas que estimule el apetito sexual. Asimismo, este tipo de personas tienden a ser más retraídas y negativas sobre la percepción que los demás puedan tener de ellas.
En el caso de las mujeres, para quienes tienen más peso los factores psicológicos a la hora de estimular su deseo sexual, las disfunciones en su sistema olfativo les impiden confiar plenamente en su pareja, además de sentirse inseguras en sus relaciones teniendo así menos posibilidades de éxito. Por otra parte, las mujeres con esta incapacidad sensorial tienen menos problemas que los hombres para construir amistades con personas de su mismo sexo.
Un sentido que influye en la personalidad
Para el sexólogo Phillip Hodson, autor de How 'Perfect' Is Your Partner?, el olfato “es un órgano sexual interactivo que se reactiva con las emociones fuertes”, pero lamenta que sea uno de los sentidos de los que menos se sabe, a pesar de que su importancia para múltiples funciones vitales, aseguraba en la prensa británica preguntada por los resultados del estudio. Ahora, continúa el sexólogo, contamos con una pieza más para completar el rompecabezas de las relaciones humanas y,más concretamente, de pareja.
La investigación se basó en el análisis de los datos obtenidos de una muestra de hombres y mujeres con anosmia –incapacidad para percibir los olores– de entre 18 y 46 años, que se compararon con los de otro grupo de control con un buen sentido del olfato. La conclusión obtenida fue que los participantes del primer grupo tenían durante su vida una media de dos relaciones frente a las diez que presentaban los individuos del grupo de control. Por otra parte, los niveles de seguridad en sí mismos eran un 20% inferiores entre las personas con anosmia que entre las sanas.
La influencia del olfato en la personalidad ya había dado lugar a diversos estudios. Uno de los más destacados se llevó a cabo en la universidad australiana de Macquiarie, concluyendo que la mayoría de psicópatas –un trastorno caracterizado por los comportamientos antisociales y la falta de empatía– coinciden en tener un sentido del olfato poco desarrollado.
FRANCO,EL FASCISMO Y LA IGLESIA ERAN Y SON ASI
EN HUELVA
Un 'bebé robado' se reencuentra con su madre 47 años después
El hombre se sometió a pruebas de ADN que cruzó con la de varias mujeres denunciantes de robo de niños
Un hombre de 47 años, vecino de Huelva, que sospechaba ser uno de los "bebés robados" ha encontrado a su madre biológica, quien le ha confirmado que ella también lo buscaba y que tenía sus sospechas.Según el letrado de la Asociación SOS Bebés Robados de Huelva, José Luis Orta, este hombre nació en un hospital del norte de España en 1965 y fue adoptado por una familia onubense. Cuando murieron sus padres adoptivos comenzó a investigar para conocer quiénes eran sus padres biológicos y las circunstancias que motivaron su puesta en adopción.
Ante las sospechas de que pudiera ser un "bebé robado", se puso en contacto con una asociación de víctimas y se sometió a las pruebas de ADN, que quedaron registradas en el banco genético de Neodiagnóstica, donde se encontró una coincidencia.
Dicha coincidencia y otras pruebas documentales lo llevaron hasta su madre biológica, con la que ya se ha reencontrado 47 años más tarde, y que, según la asociación SOS Bebés Robados de Huelva, le ha explicado que no lo dio en adopción, sino que le dijeron que había fallecido y que ella también tenía sus sospechas de que le hubieran quitado a su hijo.
Se trata de la primera vez que el ADN ha dado positivo en la provincia de Huelva y se ha podido concluir una de estas historias con final feliz.
lunes, diciembre 03, 2012
EL GAYEGO LADRON AMIGO DE MAGNETO
La Policía detiene a Gerardo Díaz Ferrán, dueño del grupo Marsans
La Policía ha detenido esta mañana a Gerardo Díaz Ferrán dentro
de una operación de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales en la
que se prevén más detenciones. Díaz Ferrán era dueño del grupo Marsans
que quebró en 2010 y fue presidente de la CEOE desde 2007 hasta el año
2010.
Díaz Ferrán está además incurso en varias causas judiciales entre otras por la concesión de un crédito de 26 millones de euros que le concedió Caja Madrid y por la quiebra de Marsans. Tenía pendiente una citación judicial este miércoles para declarar por la primera de estas causas.
Díaz Ferrán está además incurso en varias causas judiciales entre otras por la concesión de un crédito de 26 millones de euros que le concedió Caja Madrid y por la quiebra de Marsans. Tenía pendiente una citación judicial este miércoles para declarar por la primera de estas causas.
Un personaje muy particular,este auténtico gayego de Galicia,hijo de un colectivero,que entra en la Argentina alabado por el grupo Clarín para salvar a Aerolineas Argentinas,Austral y sacarnos de la mierda en que nos "había metido" Néstor,según el enano pelirojo.
Robó a dos manos y dejó por América del Sur un tendal de damnificados de agencias de turismo con el cuento de Marsans.
Ahí lo tienen,¿irá en cana?
Dificil,pero por lo menos ya nadie nos lo querrá vender como el salvador de la Argentina.
sábado, diciembre 01, 2012
ESTORBABAN
.
Pocas
horas antes de que Soraya Sáenz de Santamaría anunciara que el Gobierno
incumplirá la ley, y no ajustará las pensiones de los jubilados a la
subida del IPC, un matrimonio de viejos de 78 y 77 años se suicidaba en
Granada para dejar de estorbar a sus hijos. Habían comprendido el
mensaje antes de tiempo. Estorbaban.
La palabra estorbar no es mía. La decía mucho a sus vecinos ese hombre que se suicidó ayer, y mató a su mujer con consentimiento de ella: que estorbaba. Que estorbaban. A todo el que le quisiera oír, le decía que estorbaban. Así que la palabra estorbar no es mía, insisto. Pero la demagogia, sí. La demagogia de relacionar aquí el suicidio con la estafa gubernamental a los viejos sí que es mía. Violentamente mía. Torticeramente mía. Navajeramente mía. Y no hay razón ni pensamiento que me baje de la cabalgadura desbardada de mi demagogia de hoy.
Los periodistas solemos llamarle sucesos a estas cosas sangrientas que pasan. Y no. No son cosas que pasan. Los sucesos son la visceralización salvaje de una injusticia, de una anomalía, de una cicatriz gangrenada de la sociedad. Estos dos viejos de Granada le han venido a decir con la muerte, a sus cuatro hijos, o sea, a todos nosotros, que estorbaban, que eran juguetes rotos, peceras vacías ocupando sitio en el desván, radiadores fríos. Lo que han venido a decir estos viejos es que hay gente que se cree que estorba. Y yo no sé si no estará muy podrida una sociedad que esconde gente que estorba. Gente que se cree que estorba. Gente que no quiere estorbar más. Gente que no quiere, según la RAE, ponerle más dificultad u obstáculo a la ejecución de algo, molestar, incomodar.
Sin
descabalgar del potro de mi demagogia, voy a coger ahora también las
bridas del sensacionalismo, y a destripar aquí que la vieja estaba
impedida y el hombre enfermo, y que escribieron dos notas. Aunque no las
he leído, malicio que en esas dos notas nada se decía de la
defenestrada ley de dependencia. Presiento más probable la caligrafía
rotunda del verbo estorbar.
Y ahora, al potro desbocado de mi demagogia y a la yegua desbardada de mi sensacionalismo, se les une en cabalgada la mula del sentimentalismo barato, de la lacrimojigatería fácil, del topicismo sollozoide: estos dos viejos de 78 y 77 años, que estorbaban, habían trabajado durante 50 años, habían criado a cuatro hijos y habían pagado durante décadas esos impuestos a fondo perdido que les librarían del hambre, del asco, de la dependencia, de la humillación, cuando llega ese momento en que la vida nos encalla en esa extraña playa en donde estorbas a las olas.
Ella
escribió su nota de despedida primero. Él apuntó a su mujer con la
escopeta. ¿Qué le diría él a ella antes de disparar? ¿Qué se dirían? No
sé. Disparó. Después él escribió su nota. Y dirigió el cañón contra su
cabeza. Los dos, en sus notas, pidieron que los incinerasen juntos. Así
ya no estorbaban. Estoy muy orgulloso de mí mismo. Creo que acabo de
vender un montón de periódicos desvelando estos detalles con tan
filigraneras prosas. Qué incomparable estilo. Qué precisión en los
detalles.
Detalles.
Los sucesos son detalles. Recuerdo que, no hace tanto, en los
periódicos discutíamos mucho si se deberían publicar ciertos sucesos,
ciertas fotografías, que pudieran enfangar el plácido himeneo vital del
amable burgués dominguero. Sucedió con los malos tratos. ¿Se debía
publicar a las mujeres muertas o no se debía publicar a las mujeres
muertas? Los más delirantes, o sea, algunos directores ultracatólicos o
paleotroskistas, argumentaban que dar publicidad (decían publicidad) a
estos asesinatos era incitar al macho español a mayores zarandeos y
arrojamientos balconales de la hembra. Al final, ganó el pulso el
reportero sensacionalista, de calle, manchado de vísceras, huidor de
despachos y de reuniones. Y, de repente, por acumulación de páginas
sucias, la sociedad española se dio cuenta de que aquellas excéntricas y
coagulantes disensiones maritales pasaban todos los días, y en todas
las casas, y que realmente la violencia del macho era un problema social
terrible, una lacra, como dicen los horteras, un cáncer que castrar.
Ayer
nos enteramos, gracias a este matrimonio granadino que estorbaba y al
que pocos periódicos sacaron, de que un país con un PIB per cápita de
24.217 euros alberga en sus salones del ángulo oscuro a viejos que
estorban, a desahuciados que estorban, a parados que estorban, a
inválidos que estorban, a médicos que estorban, a profesores que
estorban, a investigadores que estorban, a obreros que estorban, a
estafados que estorban. Van consiguiendo, y no poco a poco, que nos
convirtamos de ciudadanos a estorbos, con todas las tentaciones que a un
estorbo se le suponen, como ayer nos demostraron esos dos estorbos
granadinos.
La alcaldesa pedánea de Casa Nueva, lugar donde sucedieron las muertes, lo comprendió enseguida. Y dijo ayer: “Quiero lanzar un mensaje a los mayores para que nunca piensen que son un estorbo para sus familias”. Lo dijo con loable intención, pero no es eso. A su frase le falta demagogia para ser verdad, estimada alcaldesa pedánea. Le falta amarillismo. Le falta víscera y le falta sensacionalismo. Le falta lacrimojigatería para vender periódicos y comprar votos. Le falta transgresión y veneno. Le falta decir que los asesinos de los que estorbamos no se esconden en desiertos lejanos ni en montañas remotas, sino que se sientan en las poltronas de los ministerios y de los bancos. Vaya mierda de artículo. Ojalá nunca nadie hubiera tenido que sentirse obligado a escribir esta mierda de artículo. Que ni siquiera estorba.
La palabra estorbar no es mía. La decía mucho a sus vecinos ese hombre que se suicidó ayer, y mató a su mujer con consentimiento de ella: que estorbaba. Que estorbaban. A todo el que le quisiera oír, le decía que estorbaban. Así que la palabra estorbar no es mía, insisto. Pero la demagogia, sí. La demagogia de relacionar aquí el suicidio con la estafa gubernamental a los viejos sí que es mía. Violentamente mía. Torticeramente mía. Navajeramente mía. Y no hay razón ni pensamiento que me baje de la cabalgadura desbardada de mi demagogia de hoy.
Los periodistas solemos llamarle sucesos a estas cosas sangrientas que pasan. Y no. No son cosas que pasan. Los sucesos son la visceralización salvaje de una injusticia, de una anomalía, de una cicatriz gangrenada de la sociedad. Estos dos viejos de Granada le han venido a decir con la muerte, a sus cuatro hijos, o sea, a todos nosotros, que estorbaban, que eran juguetes rotos, peceras vacías ocupando sitio en el desván, radiadores fríos. Lo que han venido a decir estos viejos es que hay gente que se cree que estorba. Y yo no sé si no estará muy podrida una sociedad que esconde gente que estorba. Gente que se cree que estorba. Gente que no quiere estorbar más. Gente que no quiere, según la RAE, ponerle más dificultad u obstáculo a la ejecución de algo, molestar, incomodar.
Y ahora, al potro desbocado de mi demagogia y a la yegua desbardada de mi sensacionalismo, se les une en cabalgada la mula del sentimentalismo barato, de la lacrimojigatería fácil, del topicismo sollozoide: estos dos viejos de 78 y 77 años, que estorbaban, habían trabajado durante 50 años, habían criado a cuatro hijos y habían pagado durante décadas esos impuestos a fondo perdido que les librarían del hambre, del asco, de la dependencia, de la humillación, cuando llega ese momento en que la vida nos encalla en esa extraña playa en donde estorbas a las olas.
La alcaldesa pedánea de Casa Nueva, lugar donde sucedieron las muertes, lo comprendió enseguida. Y dijo ayer: “Quiero lanzar un mensaje a los mayores para que nunca piensen que son un estorbo para sus familias”. Lo dijo con loable intención, pero no es eso. A su frase le falta demagogia para ser verdad, estimada alcaldesa pedánea. Le falta amarillismo. Le falta víscera y le falta sensacionalismo. Le falta lacrimojigatería para vender periódicos y comprar votos. Le falta transgresión y veneno. Le falta decir que los asesinos de los que estorbamos no se esconden en desiertos lejanos ni en montañas remotas, sino que se sientan en las poltronas de los ministerios y de los bancos. Vaya mierda de artículo. Ojalá nunca nadie hubiera tenido que sentirse obligado a escribir esta mierda de artículo. Que ni siquiera estorba.
Jetas
Produce náuseas el refinamiento y la indecencia con que se está procediendo al desmantelamiento de la esperanza, y a la prolongación de la pobreza, más allá de esta generación y de la siguiente.
Resulta difícil conciliar el sueño cuando se tiene el estómago
repleto del vómito que no cesa, de la repugnancia que provoca ver a los
Blesa de Bankia y a los últimos presuntos de la alcaldía de Sabadell y
del PSC desgranar en un solo telediario las mismas fastidiosas excusas.
Es probadamente imposible dormir de un tirón con la puñalada agria de la
fría premeditación destructiva del Gobierno, de los Gobiernos, cuando
hablan de que las víctimas resucitarán gracias a que cada vez las
estrangulan más y mejor. El desnudo cinismo de los poderes y de los
grandes mangantes y de los carroñeros y de los retrógrados ha quedado
tan a la vista que produce peritonitis nocturna recordar sus repugnantes
hechuras y saber, sobre todo saber que, cuando despertemos, los
asesinos seguirán ahí. Porque no han concluido su tarea.
Produce náuseas el refinamiento y la indecencia con que se está procediendo al desmantelamiento de la esperanza, y a la prolongación de la pobreza, más allá de esta generación y de la siguiente. Resulta que, primero, se roban el país y a continuación venden al peso a sus habitantes. El arte de desvalijar no ya el futuro sino el mismo presente ha alcanzado tal refinamiento que nosotros podremos decir, si sobrevivimos con voz, que fuimos testigos —y víctimas— de la Gran Involución, la Helada Histórica.
No es un hecho ineluctable. Tiene que convertirse, este saqueo, en el pórtico que precede a la calentura de la lucha en común. “Cada vez que paso por el banco que me hundió me vienen ganas de entrar para mirarles a la cara”, decía anoche por radio un pequeño empresario reducido a buscar inútilmente trabajo. Mirarles a la cara: eso ya lo hacemos gracias a la tele. Lo siguiente debería ser rompérsela, a fuerza de solidaridad e indignación: judicialmente, claro.
Maruja Torres
Produce náuseas el refinamiento y la indecencia con que se está procediendo al desmantelamiento de la esperanza, y a la prolongación de la pobreza, más allá de esta generación y de la siguiente. Resulta que, primero, se roban el país y a continuación venden al peso a sus habitantes. El arte de desvalijar no ya el futuro sino el mismo presente ha alcanzado tal refinamiento que nosotros podremos decir, si sobrevivimos con voz, que fuimos testigos —y víctimas— de la Gran Involución, la Helada Histórica.
No es un hecho ineluctable. Tiene que convertirse, este saqueo, en el pórtico que precede a la calentura de la lucha en común. “Cada vez que paso por el banco que me hundió me vienen ganas de entrar para mirarles a la cara”, decía anoche por radio un pequeño empresario reducido a buscar inútilmente trabajo. Mirarles a la cara: eso ya lo hacemos gracias a la tele. Lo siguiente debería ser rompérsela, a fuerza de solidaridad e indignación: judicialmente, claro.
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